domingo, 7 de mayo de 2017

Predominio de la política cultural

Zapping
·      Predominio de la política cultural
Vladimir González Roblero

Uno
Vivimos un giro, un vuelco hacia la cultura. La pregunta, sin embargo​, es si el debate en torno a qué es la cultura es vigente. Para algunos pareciera que la discusión se cerró cuando las filosofías ultraderechistas proclamaron el fin de la Historia. Otros no están de acuerdo y afirman que las tácticas de intervención del Estado en la cosa pública pasa por un tamiz cultural.
            Lo cierto es que antes como ahora la cultura ha significado un recurso. No siempre lo notamos, pero las políticas sociales o económicas están estrechamente vinculadas con las culturales. Los gestores han tenido mucho que ver. Su apuesta intersectorial, es decir, cruzar la cultura con otros campos sociales, hace que paulatinamente haya una predominancia de las políticas culturales. Se han encargado de poner en circulación, a través de distintas estrategias, un sinfín de significados que coadyuvan al desarrollo social.
Advierto riesgos: confundir cultura con espectáculo y diseñar políticas con base en tradiciones de pensamiento encontradas.
           
Dos
Este fin de semana fuimos testigos del descenso del equipo de futbol Jaguares de Chiapas. Recordemos que la franquicia llegó en el año 2002, durante el sexenio de Pablo Salazar Mendiguchía. La llegada del futbol profesional fue una estrategia de comunicación, es decir, de circulación de significados. Trató de mostrar una faceta distinta de Chiapas, más cuando la aparición del EZLN no era muy lejana. Con Jaguares vimos producción de sentido: aquí no sólo hay guerra y pobreza, sino también una sociedad ansiosa de mostrarse en el ámbito nacional a través de la afición.
            El camino mediático se había abierto. En el siguiente sexenio, Juan Sabines Guerrero hizo tratos con Televisión Azteca. Les vendió al equipo Jaguares; programas de espectáculos como Ventaneando, La Academia y hasta la telenovela Pasión Morena se grabaron aquí. A través de la industria cultural el Estado trajo a los inversionistas. La producción de sentido siguió la misma ruta del sexenio anterior, con matices. La sociedad ya no se expuso sólo a través del futbol sino de eso que llaman farándula. Todos sabemos, además, de las jugosas ganancias económicas que esto generó, y que fueron a parar a manos de particulares.

Tres
Mario Vargas Llosa en su ensayo La civilización del espectáculo plantea que la cultura se ha vuelto light. Considera que en esta condición cultural, los seres humanos buscamos la diversión y el entretenimiento. La consecuencia es “la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad”. Considerar que las políticas sociales o económicas tienen una dimensión cultural no debería significar que ésta sea a través del espectáculo, o de la industria cultural cuya lógica es el mercado. Sucede lo que el peruano señala.
            En ese mismo ensayo, Vargas Llosa sostiene que esta condición ha impulsado la democracia cultural. Sin embargo, pareciera que los bienes artísticos y culturales, para que sean accesibles, cada vez son de menor calidad. Esto explica el éxito de algunos proyectos impulsados por organismos culturales, por ejemplo los conciertos con orquesta sinfónica cuyos temas son las películas taquilleras de Hollywood.

Cuatro
La historia de la humanidad registra dos grandes movimientos intelectuales europeos que han permeado en nuestra idea de cultura. La Ilustración pensó a la cultura como civilización. Los pueblos civilizados eran los cultos, aquellos de buenas costumbres y cuya máxima expresión eran las bellas artes. El Romanticismo, su envés: miró a través de la cultura y literatura popular la particularidad de los pueblos. La cultura entonces era el espíritu de las naciones.
            Estas dos ideas han permanecido a lo largo del tiempo, a veces claramente diferenciadas, otras confundiéndose. Son ellas las que estructuran formas de pensar y concebir la cultura.
Una de las banderas de las políticas locales ha sido la construcción de ciudadanía. Este objetivo parece plantearse desde lo cultural. Lo hacen a través de programas que conciben al arte en sociedad: que salga a la calle y que la gente se involucre en la mayor cantidad de eventos artísticos. Este involucramiento, no sólo como públicos pasivos, supone el ejercicio ciudadano al abrir la posibilidad de orientar o incluso tomar decisiones en conjunto.
            Mas la idea de cultura está fincada, preponderantemente, en la tradición ilustrada. Observemos que la mayoría de los bienes artísticos que se promueven son aquellos que caen en el relato ilustrado de las bellas artes. Además de esto, la premisa “que salga a la calle”, sugiere que en la calle, entre la población, no hay cultura ni arte. La tradición ilustrada concebía al refinamiento como exclusivo de sociedades civilizadas. Antes, como ahora, el deber moral de esas sociedades ha sido llevar la civilización a los demás. Por eso las guerras justas y el imperialismo cultural.
            Entendidas así, las políticas culturales en nada contribuyen a la construcción ciudadana. Al contrario, siguen reproduciendo esquemas jerárquicos de dominación.
           
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miércoles, 8 de marzo de 2017

Cultura escrita en sus márgenes

Zapping
·       Cultura escrita en sus márgenes
Vladimir González Roblero
           
Uno
Un tema al que recurro ha sido el periodismo y la cultura. Hace no mucho tiempo, Daniel Trejo, locutor y promotor del rock, me facilitó ejemplares del fanzine Rock’n’Chiapas. Al tenerlos, volteé hacia atrás para mirar cómo el oficio de escribidor se ha visto inmiscuido en prácticas culturales dentro y fuera de espacios instituidos. Así atestiguamos tendencias y emergencias: al sistema que fagocita la novedad, vaivenes entre el centro y la periferia.
           
Dos
¿Márgenes? En la década de 1940, hacia su ocaso, existió en Chiapas una pequeña revista cultural llamada Amanecer. Aparentemente fue una de las primeras publicaciones culturales fuera del círculo del poder. Su editora era Mercedes Camacho, entonces joven preparatoriana. No era auspiciada por el gobierno del estado ni contaba con el padrinazgo de político alguno. Podríamos pensarla como independiente.
            Surgió en los márgenes. De a poco los tentáculos de la élite cultural la sacaron de ahí. Las alusiones al Ateneo de Ciencias y Artes de Chiapas y a sus integrantes se hicieron comunes. De hecho, algunas de las firmas de Amanecer después aparecerían en la revista Ateneo. El esfuerzo de una joven chica por hacer periodismo se vio empañado por los intelectuales orgánicos de la época.
            Además, la revista Amanecer es uno de los primeros ejercicios manifiestos de promoción cultural. Entre sus autorrepresentaciones se denominaba “la revista cultural de Chiapas” y sus hacedores “promotores culturales”. Aspiraciones desde la periferia.

Tres
Centro. El camino de la independencia se vio eclipsado en los años posteriores. Las revistas culturales más importantes nacieron bajo el cobijo del Estado. Fue el caso de Ateneo y Chiapas, referentes del periodismo cultural aldeano. En el seno del Estado también se instituyeron las élites culturales. Ellas rápidamente anquilosaron, desde la institucionalidad, el periodismo y la promoción cultural.
            Las revistas culturales, lo he dicho en otro lado (Leer: https://goo.gl/Ybf2oo), concibieron al arte y la cultura como recurso. Lo fue en el ámbito de la promoción turística, como explícitamente lo hacía Chiapas. También se concibió para el consenso, como de manera velada sucedía en Ateneo. A pesar de su servilismo ninguna de ellas sobrevivió a la decadencia de su mecenas, el gobernador Francisco José Grajales.
Varios ateneístas se enquistaron en el Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas, el Icach, fundado en la década de 1940. Su proyecto editorial mutó en la Revista Icach. Al menos sus creadores se sintieron herederos. Así en 1959 aparece el primer número de la revista, que ha vivido varias épocas hasta la década del año 2000. Esta tradición editorial permeó en el Instituto Chiapaneco de Cultura, en la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas y en el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes. La institución como refugio.

Cuatro
Márgenes. Muchos años después, en la década de 1980, irrumpió entre los tuxtlecos la cultura del rock. Para entonces existían grupos locales y algunos de talla nacional vinieron a tocar. Con ella también aparecieron nuevas estrategias viejas de comunicación. Me refiero a los fanzines. Éstos se popularizaron entre las décadas de 1990 y 2000 (Leer: https://goo.gl/ZSfUMa).
Hacia finales de la década de 1980, sin embargo, se publicó quizá el primer fanzine tuxtleco: Rock’n’Chiapas. Lo editaba José Luis Gómez Pérez, alias El Kiss. El fanzine, es decir, revista hecha por aficionados, visibilizaba la emergencia del rock local, sus grupos y tocadas, su ideología y estética.
Rock’n’Chiapas era mecanografiado y se completaba a mano. Significó entonces una apuesta distinta al periodismo local, como los fanzines posteriores también lo fueron. Esta visión instituyente, creadora, lentamente ha caminado a la institucionalidad. Al menos muchos fanzineros han pasado por la prensa escrita, institución socialmente legitimada. De ahí a las editoriales independientes y a las mieles de las redes sociales virtuales. Centro y periferia.


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miércoles, 1 de febrero de 2017

De contracultura y unos viajes comunicantes


Uno
En su libro El nacimiento de una contracultura Teodoro Roszak reflexiona en torno a las juventudes que se oponen al sistema establecido. Advierte que la tecnocracia, sociedad instituida, da pie a su opuesto, sociedad instituyente, encabezada por “una estricta minoría de jóvenes y (…) un puñado de sus mentores adultos”. De esta premisa, hacia finales de la década de 1960, nace la idea de contracultura.
            En 1996 José Agustín, el escritor de la Onda, publicó La contracultura en México. El libro nació, según cuenta él mismo, de una serie de cursos que había preparado sobre el tema. “Repetir el curso me permitió mejorarlo y, sobre todo, decidir que el libro tendría que ser una fusión de crónica y ensayo, con un estilo abierto que resultase accesible a todo tipo de lector, no por fuerza nada más a los chavos, que son los verdaderos protagonistas de la contracultura, o los investigadores”, señala en el Prólogo.
            Hippies y beatniks son los sujetos de Roszak y jipitecas los de José Agustín. Su cultura ha permeado en la literatura, el cine, la música y el arte en general. Establecen vasos comunicantes.

Dos
Encontré en una librería local la reedición de Pasto verde, novela de culto escrita por Parménides García Saldaña. La compré para guardar la vieja edición de 1968, publicada en Diógenes. El personaje principal, Epicuro, es un desdoblamiento de Parménides. Loco loquito, mariguano, amante de los Rolling Stone y lector empedernido de los beat.
            La intertextualidad abierta, como dicen los letrosos, le permite construir, además de Epicuro, a otro personaje de ficción: Pepcoke Gin. Se trata de José Agustín. Los dos, Epicuro/García y Pepcoke/Agustín, junto con Gustavo Sainz se han alzado como los exponentes de la Onda.
            Otro ícono (decadente) de la contracultura en México, el grupo de rock El Tri, compuso como homenaje a Parménides la rola “El maldito ritmo”, incluida en el álbum Otra tocada más. Alejandro Lora, amigo entrañable del Par, lo retrata y retrata unas juventudes: “¿cuántos pomos no nos tomamos cantando el rock and roll?… ese maldito ritmo.”
           

Tres
Un viaje cibernético al feis me llevó a un documental sobre El Personal, grupo musical tapatío que cimbró la cultura mexicana en la década de 1980. Otro culto. Cuentan cómo conocieron a su vocalista, Julio Haro. De Julio se han dicho muchas cosas hasta convertirlo en leyenda. Lo cierto es que contaba con voz sui generis y letras no aptas para mochos de la sociedad jalisciense y allende sus fronteras. En enero se cumplieron 25 años de su muerte a causa del sida.
            En el documental (esta entrega es una entrevista a ex miembros y personajes cercanos a la banda) Julio Haro es el antihéroe homosexual que odiaba a las “locas”, vivía de arrimado y componía las mejores canciones de humor y de amor. (Aquí: https://goo.gl/HjTMH0).

Cuatro
Por los caminos de la autoficción, Charles Bukowski se describe como Henry Chinaski: un escritor borracho, vagabundo, que manda sus cuentos a revistas literarias hasta que uno de ellos pega y recibe regalías. Despilfarra el dinero. Las historias y andanzas de Chinaski, además de relatarse en sus cuentos y novelas, también son tema en la película Barfly (Borracho en la edición española), cuyo guión fue escrito por el mismo Bukowski. La historia transcurre en un bar de mala muerte, donde a diario se lía a golpes con el cantinero.
            Volvió la alegría vieja, disco del grupo de punk argentino Dos minutos, recupera a Chinaski como si de arquetipo se tratara en la rola “Mosca de bar”.
Un diálogo como apertura:
            “-¿Qué es el bar, Enrique?
            “-El bar es la última oferta de la eternidad, la última oferta que queda de la libertad, del peligro a que pierdas tu novia, a que te enojes con tu amigo, a que aparezcan personas desconocidas. Yo creo que el bar es sobre todo, no digo la selva, pero por lo menos es el bosque que le queda a la ciudad.” (Aquí: https://goo.gl/Y7SndV)
            Después los riffs.
           


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lunes, 12 de diciembre de 2016

Rock, memoria y juventud

Zapping
·      Rock, memoria y juventud
Vladimir González Roblero

Uno
Hace unos días, el sábado 3 de diciembre, los compas de Ojo insomne, gestores culturales, realizaron el conversatorio “30 años de metal en Chiapas”. Invitaron a metaleros locales de la escena de los 80 y 90. Entre ellos a Daniel Trejo, Marco Velázquez, Carlos Pablo Gallegos, Daniel Cruz, Erika Esponda y a mí como moderador. Recordamos aquellas tocadas emblemáticas en los años de 1980, como la de Luzbel en San Cristóbal; los inicios de grupos locales como Damage en esa misma década, así como los circuitos de distribución y los claroscuros de entonces a la fecha.
            Tiempos actuales, en los que todo es post, la derecha asciende y los milenials indican la ruta ante el desmoronamiento de las utopías, la nostalgia floreció como recurso de los gestores culturales y el lugar, un bar en el oriente de la ciudad, se llenó.

Dos
Los estudiosos de las tribus urbanas y las culturas juveniles, a la saga de sus gurús franceses, dicen que la juventud es una construcción social. El tiempo biológico, ese que se muestra a través de las canas y la flacidez, no es medida para llamarse joven. El guitarrista de Café Tacuba, Joselo, en su columna Crocknicas Marcianas, lo dijo de otro modo: “Si alguien tiene la culpa son los chavitos que se visten como yo, como ancianos”.
            A estos ancianos que se visten como jóvenes, según los parámetros actuales, les llaman chavorrucos y chavarrucas (Fox cuasi dixit). Lo cierto es que, a pesar de que las modas son sinónimo de lo efímero, los gustos son estructuras de larga duración. Éstas tienden a desparecer con las generaciones y se adpatan, aquí la estructura, a través de un proceso de transmisión cultural.

Tres
Ese día cayó un aguacero en Tuxtla de los conejos. Debió haber sido una tarde de agosto de 1994. La insurrección neozapatista había cimbrado al mundo entero. En Chiapas Eduardo Robledo Rincón se postulaba a la gubernatura, que ganó en medio de acusaciones de fraude. Hubo de renunciarla. Como acto de campaña se organizó una tocada. Vino El Tri y el concierto lo abrió Brutal Lulú.
            El estadio zoque estuvo a reventar. La banda trisolera que abarrató el lugar estaba atenta ya que, provincianos pues, en estos lugares entonces no había espectáculos masivos… hasta el EZLN. Alex Lora, vocalista y dueño de El Tri anunció, ya en tarima, la rola Agua mi niño, de uno de sus discos emblemáticos. Apenas comenzaron los acordes se soltó un aguacero épico, como el concierto mismo.

Cuatro
En la memoria quedó registrado ese concierto. Habrá que sumarle el que recientemente ofreció Panteón Rococó en la feria. Llegamos pasandito de las 10 de la noche a la explanada pero una pantalla anunciaba que se llevaría a cabo en el Foro Chiapas, antes Lienzo Charro. A la entrada, un policía nos sacó de la fila y nos llevó a donde después supusimos era la zona VIP. “Por seguridad de los niños, éstos deben permanecer aquí, acompañados de un par de adultos”, dijo al momento que señalaba el lugar, a un costado del escenario.
            El sonido era de lo peor. Aquello estaba lleno de chavorruques con sus hijes (¡gulp!). En el ruedo y en tribunas los rockers bailaban slam; los que estábamos de este lado tiramos polilla, literalmente.
            No miento si digo que se inscribirá en la memoria de chicos y grandes. Festín para historiadores.

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