miércoles, 11 de diciembre de 2019

Arte incómodo



La Revolución. Fabián Cháirez



Zapping
  •          Arte incómodo

Vladimir González Roblero


Uno
En torno al arte no dejan de ser vigentes preguntas respecto a si una obra es solamente expresiva o si tiene una capacidad de agencia, es decir, si actúa en la realidad. El primer cuestionamiento se desprende de una de sus vetas, la estética, aquella que considera que el arte es mera contemplación, y desde aquí su finalidad es procurar placer. La segunda cuestión se desprende de su veta sociocultural, y considera que el arte es una institución social, por lo tanto, se vincula a prácticas y discursos de orden político, económico, cultural.
En lo particular, prefiero pensar al arte como un dispositivo de poder, es decir, capaz de incidir en nuestra cotidianidad no solamente como experiencia estética, sino que incomoda, mueve a mirar el mundo en su complejidad social y actuar de manera crítica. Lo anterior es menester para entender dos casos, uno recientísimo: “La Revolución”, de Fabián Cháirez, y otro no tanto, “Oh, chiapaneca mi amor”, de Astrid Breiter.

Dos
He seguido las redes sociales virtuales, ese aleph, en donde hay infinidad de comentarios sobre “La Revolución”, obra que retrata a Emiliano Zapata feminizado. Me llama la atención una confusión: quienes la critican creen que Cháirez ridiculiza a la persona, a Zapata, y por lo tanto consideran que atenta contra una de las figuras icónicas de la mexicanidad. No es del todo cierto. La crítica del artista es a una estructura social, el patriarcado, y a uno de sus engendros, el machismo. Si revisamos otras de sus obras, encontraremos que la temática se repite, por ejemplo, con personajes de la lucha libre mexicana.
Ahora bien, me parece que, sin proponérselo, el otro escozor que ha causado es el atentado contra la identidad. Bien es sabido que nuestra historia se ha fincado en la idealización de esos personajes que nos han dado patria, tierra y libertad. Zapata, obviamente, es uno de ellos. Son esos personajes, sus hechos heroicos, constitutivos de lo propio, lo nuestro, lo que nos identifica. Identidad y machismo se mezclan, confunden y muestran el lado oscuro, homofóbico, de cierta mexicanidad.

Tres
Algo parecido ocurrió en Chiapas, la patria chica. En el año 2014 la artista Astrid Breiter creó una serie con imágenes de parachicos y chiapanecas erotizados, a la que tituló “Oh, chiapaneca mi amor”. De esa serie otro artista, Neftalí Flores, hizo fotografías con la misma temática. Inmediatamente despotricaron los usuarios de redes sociales. La confusión fue similar al caso anterior. El argumento de los quejosos fue que se estaba dando un mal uso a los trajes regionales y que se desvirtuaba la cultura chiapacorceña, además de atentar contra la Fiesta Grande.
Lo que hay detrás, aunque no sé si intencionalmente, es la crítica a una estructura social, la tan manida identidad. El arte nos hace ver nuestros esencialismos: pensar que la cultura debe permanecer estática, inmaculada. Muestra fragilidades y nos recuerda los riesgos de los nacionalismos.
Oh chiapaneca mi amor. Astrid Breiter


Cuatro
Los dos casos, discursos artísticos disruptivos, apuntan hacia el descubrimiento de cierta religiosidad. Los amagos de quemar la obra “La Revolución” suponen efervescencia, actitudes casi dogmáticas, como si de feligreses se tratara. En ellos hay eficacia en dos sentidos: la capacidad de actuación del arte en nuestra cotidianidad, pues nos mueve e incomoda, y la eficacia de la construcción de la identidad social cuya condición obedece a la esencia de los propios Estados nacionales.


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miércoles, 11 de septiembre de 2019

Dos reseñas por placer


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  •          Dos reseñas por placer

Vladimir González Roblero

Uno
Hay una discusión, vieja en realidad, sobre las prácticas de lectura y consumos culturales. Hace tiempo me preguntaron cuántos libros leo al año. La verdad no lo sé, ni los cuento. Trataba de explicar a quien me interrogaba que hay lecturas interesadas y lecturas por placer. Me muevo en ambas. La discusión a la que me refiero es precisamente ésta. Se fundamenta en el marco de la reflexión en torno al arte y la estética.
Es una discusión porque no siempre, y es deseable, hay consenso respecto a lo siguiente. Algunos asumen que el texto literario se lee por placer, es decir, se hace de él una lectura desinteresada porque no acudimos a una novela a aprender o estudiar, sino solamente a disfrutarla. Otros consideran, respecto a los textos académicos, como los científicos y humanísticos, que nos acercamos a ellos para conocer el mundo, aprender de él, buscar información.
Me parece que si bien es cierto se impone la naturaleza de cada obra, sea literaria o científica, en ambas existe una pretensión de lectura interesada y por placer. No me centraré en la literatura, porque decir que disfrutamos sus historias y poéticas es una perogrullada. Hablaré de un par de libros académicos cuya lectura me resultó placentera.

Dos
Martín de la Cruz López Moya escribió y publicó el libro Caleidoscopio Sonoro (Unicach, 2017). Se trata de una obra que aborda las músicas urbanas en Chiapas, principalmente el jazz. Tuve la oportunidad de comentarlo en una mesa redonda llevada a cabo en San Cristóbal de Las Casas. Hice mi propia lectura del libro, más allá de su descripción. Considero que se plantea desde la frontera, es decir, desde la idea de hibridación de las músicas urbanas con las tradicionales y las populares.
            Tres circunstancias históricas han posibilitado esta frontera: el alzamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional; las migraciones distintas en Chiapas entre los siglos XIX y XX, y aún más atrás si contamos a los africanos, y la configuración de políticas públicas culturales al menos desde la década de 1950. Estos tres momentos han influido en la música de marimba, el jazz y el rock, expresiones artísticas objeto del libro en cuestión. Las mezclas de ritmos han sucedido si asumimos que cuando migran las personas lo hacen con su cultura. Así la marimba se ha fusionado con el jazz, y el rock con las músicas tradicionales de los pueblos originarios.
            El otro espacio fronterizo es la ciudad. La urbe es lugar que muestra las tensiones del encuentro. La proliferación de espacios culturales, cuya vida es sobre todo nocturna, ha posibilitado el desarrollo, o al menos la exposición del jazz y eso que llaman etnorrock; la profesionalización de los músicos en la universidad, expresión ésta de lo citadino, propicia la mezcla de la marimba con el jazz y el blues.
            La lectura se volvió más placentera al complementar la experiencia transitando por los media. Así que, mientras leía, busqué en YouTube al menos dos grupos mencionados en el libro: Narimbo y Sak Tzevul.

Escúchalos aquí:




Y aquí también: 




Tres
¿Quién no ha bebido café a sorbitos de poesía? El placer estético no es exclusivo del arte, de esa idea de arte occidental. También lo hay en nuestra cotidianidad. Por ejemplo, la dimensión poética de la cocina. En esa discusión se halla La seducción de la alquimia. Sabor y olor en la poesía de Chiapas (Coneculta, 2017), de Viridiana Chanona. Se trata de un ensayo sugerente en el que su autora revisa cierta poesía que atisba en la cocina chiapaneca.
            El libro, sin proponérselo, implica un par de reflexiones. La primera de ellas es la re-invención de la tradición. Recurre a los poetas recientes ya manidos, pero mira en ellos algo distinto: su relación con la comida como espacio de chiapanequidad. Con ello afirma la tradición poética en tanto inventario de los mismos nombres, pero propone una mirada novedosa, reinventa la tradición.
            La segunda reflexión aborda la estética de la cotidianidad. Cabe la pregunta sobre el misterio del proceso poético. En realidad, la fuente de la poesía es la vida misma. Los poetas -cualquiera de nosotros- hacen observaciones del mundo y hallan en él poesía. Degustan café, perciben aromas seductores, disfrutan los platillos. Prosaica le llaman. Después escriben.

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lunes, 17 de junio de 2019

WikiBar y las estrellas (algunas cantinas de Terán)

La Colmena. Terán. Cerrado permanentemente.

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·       WikiBar y las estrellas (algunas cantinas de Terán)

Vladimir González Roblero

Uno
Las redes sociales virtuales, tecnología, teléfonos celulares, aplicaciones y esas vainas, de algún modo han marcado la emergencia del ciudadano común en los procesos de comunicación a gran escala. Lo vemos en el feis y el tuiter, donde la generación de contenidos como imágenes, audio, video y textos por parte de cualquiera de nosotros contribuye al diálogo en el ámbito de lo público.
Una de las características de esta nueva era de la comunicación, además de lo antes dicho, es lo que se conoce como wikis. Con ello quiero referirme al trabajo colaborativo que se establece en comunidades virtuales. Entre todos ayudamos a localizar personas, denunciar el abuso de las autoridades o recomendar lugares.
Un ejemplo, y sobre éste sigo: la aplicación Maps frecuentemente sugiere visitar lugares, tiendas, restaurantes y otros. La mayoría de ellos están bien calificados, con esas famosas estrellitas que van del 1 al 5. Nos orienta para tomar una decisión con base en la opinión de los usuarios. Asimismo, registra las visitas que hacemos a establecimientos, aunque sólo estemos cerca de ellos.
Revisé mi timeline de esta aplicación, y aquí van algunas de mis aportaciones.

Dos
Sin el Vale no vale. En Terán, viniendo del Libramiento Sur, sobre el costado izquierdo se ubica el Bar Bocanegra. A pocos metros de la universidad, no debería estar ahí. Pero supongo que debe ser frecuentado por sus alumnos. Yo estuve un sábado. Vacío. Pedimos unas cervezas, con botana algo desabrida. Sonaba música, rock sobre todo. Pero llegó el momento de cambiar el playlist. Llamamos al mesero y le pedimos unas del Vale, el gallo de oro. Nos dijo que no había de esas. Notamos que su rockola estaba conectada al internet. Argumentó algo así, no me acuerdo, que esa música no era parte del concepto del bar. ¡Chale!, pagamos y adiós. Por algo no tiene reseña alguna en Maps.
A la vuelta hay otra cantina. Se llama El perro salado II o El pechugas. Tiene doce opiniones y promedia 2.7 estrellas. Pero ante la experiencia reciente, tres estrellas son buenas: cerveza fría y música de cantina.

Tres
En esa misma zona se ubica el bar Las Tarimitas, el mismo que hace poco fue cerrado por haberse acusado a sus trabajadores de robo. Al poco tiempo lo volvieron a abrir. Pues bien, tiene 129 opiniones, la mayoría favorables, con un promedio de 3.9 estrellas. Un usuario: “Para mí es el mejor lugar de Terán city”. Otros destacan sus costos bajos, sobre todo en botana. Al entrar, el personal hace una revisión de bolsos. Es un espacio grande. El lugar se llena hacia las 6 de la tarde, sobre todo de estudiantes. La música muy alta, ideal para hablarse a gritos.
Nota mental: cuando regreses, recuerda hacer bien las cuentas. Cobraron cervezas de más. Dos estrellas.

Cuatro
Más adelante, después del parque de Terán, está el bar Las Gemelas. No tiene registro en la aplicación, pero se describen como “botanero clásico”. Tasajo rico y cerveza fría, como debe ser. Música en vivo. Los artistas actúan entre las mesas y a veces gritan en el oído de los comensales. HashTag ConLosBolosNo. Tres estrellas para cuando aparezca en Maps.
Del lado contrario, por el rumbo del Cobach, otra vez las escuelas, está La Peligrosa. Sirven unos caguamones como michelada. Tal parece que por eso se distinguen. Casi todos los asistentes tienen en sus mesas esos vasotes llenos de cerveza, clamato y salsas. Los comentarios destacan las botanas y algunos critican la cantidad de hielo en las miches. Tal vez por eso tiene 3.9 estrellas de 177 opiniones. Tenga tres más. 
¡Salud!

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jueves, 25 de abril de 2019

Jessica, my love


Zapping
·       Jessica, my love
Vladimir González Roblero



Uno
Somos ficciones. Hace días, en tuiter se desató la polémica respecto a una anécdota de la comunidad judía en México (sigue el hilo aquí: http://bit.ly/2UZpgvN). Hechos e imaginaciones más o menos, la pequeña historia mezclaba el éxodo judío, escapando de Egipto hacia tierra prometida. Esa tierra la hallarían, según el relato en disputa, donde se encontrara un águila sobre un nopal devorando una serpiente.
            Lo anterior me evoca que nos construimos de historias, nos contamos. Cada una de ellas implica una representación, una ficción. Los historiadores culturales, esos caballos negros, nos recuerdan a cada rato el asunto de los relatos en nuestra cotidianidad, en nuestro pasado y hacia delante. Narraciones que entremezclan la realidad y la fantasía, donde sus fronteras se pierden cuando de identidades se trata.

Dos
¿Recuerdan a Betty Boop? Se trata de un personaje de ficción de la cultura pop norteamericana. Su éxito, a partir de la década de 1930, se debió a su imagen provocativa, mujer sexi. Aunque se inspiró en una actriz estadunidense, el dibujo animado es completamente ficticio, es decir, no guarda una relación de coincidencia con su modelo. (Mira aquí una historia: http://bit.ly/2GHlcr5)
            Por su imagen, más de uno a la fecha ha fantaseado con ella desde su lugar en la vida real. Seguramente eso quiso contarnos Jaime López, el cantautor mexicano, con su canción de añoranza titulada “¿Qué fue de la gran Betty Boop?”. Tarareo su letra:
Me he enamorado de muchas estrellas
en el burlesque, en el teatro, en el cine
de la pantalla a los magazines
toda mi vida no he visto más bellas
(…)
Pero de todas y esto es el colmo
de carne y hueso no es la que adoro
tal vez es su voz, tal vez es su look
dime qué fue de la gran Betty Boop
(Escúchala completa: http://bit.ly/2vldlci)



Tres
De esas ficciones nos hemos prendado, sobre todo en la juventud y primeros chalecos de dormir. Las revistas para adultos, ese eufemismo pornográfico, solían publicar en sus páginas centrales posters ad hoc. Mujeres de carne y hueso, cierto, pero convertidas en representaciones de todos los carnales instintos. Ficciones pues. Además, éstas han sido materiales para húmedos sueños y se anidan en la memoria de la secu. Muchas amistades se construyeron en el mercado negro de las revistas, y muchos amores se esfumaron al descubrir estas y otras obscenidades. Estas ficciones también son parte de las historias juveniles.
            De esos posters llamados centerfold, trata el blues de la mítica El Personal. Vuelvo a tararear:
Así te quería, de papel
Así te quería, de papel
Te escondía debajo de la cama
Te sacaba de noche y de mañana,
y contigo cómo me divertía.
Cómo me divertía
Así te quería sin hablar
Yo nunca en la vida te escuché
Desdoblaba poco a poco tu retrato
Me servías muy bien de pasarrato
Eras mi amante...
...de papel couché
(De papel couché.)
(Escúchala completa: http://bit.ly/2vnayzy).


Cuatro
Otros personajes de revistas llegaron tarde a mi vida. Se trata de los surgidos en los cómics. Fue una tarde que me senté a ver Netflix. Puedo decir sin rubor que la primera serie que vi en un atracón fue Jessica Jones (Mira el tráiler: http://bit.ly/2IHHTxA). Es una superheroína, de esas que salvan al planeta. Su cualidad no sólo es la fuerza física, ni la resistencia a los golpes. Esas las tiene cualquier superhéroe. Más bien tiene la habilidad de andar briaga mientras resuelve casos, no cambiarse la chamarra ni los pantalones y, paradójicamente, odiar al mundo.
            A nadie le gustan las comparaciones, pero la verdad es una antiheroína, cuyo personaje se asemeja a los surgidos de la pluma de cierto escritor del realismo sucio. Tal vez por eso, según mi bitácora, miré cada una de sus dos temporadas en el transcurso de una semana, de las que al final terminé repitiendo su nombre como adolescente.      
           


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