lunes, 16 de mayo de 2011

Dos


Zapping
Dos
Vladimir González Roblero

Hace días tuve la oportunidad de asistir a algunos de los eventos del festival artístico Tumguy, que organizaron alumnos de la licenciatura en Gestión y Promoción de las Artes de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas. Llamó mi atención, particularmente, la presentación de obras de cine experimental “Memorias del diafragma”. Al finalizar, un alumno, Magno, que participó en el curso en el cual se trabajaron los cortometrajes, pidió mi opinión. Independientemente de lo que sé o no sé de cine, le dije que cuando alguien decide presentar su trabajo al público se expone a la crítica. A mí me pareció que buena parte de lo que vi eran ejercicios escolares y que, como tales, valían la pena pues los alumnos, quiero suponer, al menos aprendieron, grosso modo,  el proceso de creación cinematográfica, desde la concepción de la obra de cine hasta su presentación al público. Sin olvidar el contexto de dichas obras, ni sus pretensiones, vi cosas tan dispares como lo son sus creadores. Por ejemplo, una de las obras era del profesor del curso, quien además, según se dijo, estaba en Lisboa, Portugal, presentando su material que acabábamos de ver. Ante ese trabajo los otros no tenían nada qué hacer. En ese sentido, le dije, se evidencia las carencias de quienes seguramente apenas se inician en esto de la cinematografía.

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Varios años atrás, cuando el canal 10 local, el del Sistema Chiapaneco de Radio, Televisión y Cinematografía (hablando de estas cosas y de lo que nada tienen qué hacer), comenzaba a impulsar sus producciones locales, alguien de mis amistades, no recuerdo quién, trataba de justificar la pobreza de los programas locales que transmitía el 10. Entre sus argumentos había algunos con los que estaba de acuerdo. En algún momento el canal echó mano de algunas figuras que gozaban de buena salud en esas ondas de la intelectualidad. Esos programas, mesas redondas, noticiarios de corte cultural, y otras cosas, valían la pena. No era su producción ni su despliegue de tecnología, sino sus contenidos. Otros argumentos, a mi entender, no se sostenían. Uno de ellos era que no había otra televisora local con producción propia, y si acaso el canal 5, el otro canal local, se atrevía a hacerlo, en realidad era de menor calidad que la que presentaba el 10. Sucede que cuando cualquiera de nosotros prende la tele busca lo que le parece más atractivo. En la pantalla todo vale lo mismo. En esos años, como lo sigue siendo ahora, los canales de televisión abierta eran, para muchos, las únicas opciones. El canal 10, y el 5, no competían entre sí para ganarse la audiencia. Competían, como ahora, con Televisa y Tv Azteca. ¿Por qué? Tan sencillo: si no me gusta le cambio. Los canales locales nada, o muy poco, tenían qué hacer.

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Cuando estudiaba la universidad mi profesor de periodismo, Sarelly Martínez, nos decía, entre otras muchas cosas, que el periodista publica sus errores. Una nota mal redactada, sin estructura ni lenguaje periodísticos, o con faltas de ortografía, está expuesta a la crítica. A pesar de que ahora los diarios locales tienen correctores de texto, los errores se cuelan ante la vista viciada de la media noche. Lo podemos constatar si echamos un vistazo a cualquiera de ellos. En alguna ocasión un periódico tituló en su contraportada, cito de memoria: “¡Volca autobús!”
            Al tenor de lo que he dicho, entiendo que más de uno esté, ahora, señalando mis errores. Así es esto.

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viernes, 6 de mayo de 2011

Uno


Zapping
Uno
Vladimir González Roblero

No soy fotógrafo, tengo que decirlo.
            Hace unos días recuperé un rollo fotográfico que pensé había extraviado. Lo utilicé hace poco más de un año cuando Talita estaba embarazada. Tomé retratos de ella, a unos cuantos días de que Emilio naciera. Desempolvé la cámara réflex que utilizaba en la universidad y en mis primeros intentos de hacer periodismo. Nos fuimos a Joyyo Mayu, en la tardecita, por aquello de la luz. Hicimos las fotos. Después se vinieron las desveladas, la mamila cada tres horas y esas cosas. Olvidé por completo el rollo.
            Lo encontré en un viejo estuche de la cámara, empolvado, junto con otros que no utilicé. Una tarde fuimos a la plaza a hacer algunas compras, y lo metí entre mis cosas. Antes de hacer las compras, de entrar al súper y demás, lo dejé en una tienda fotográfica y pedí el revelado. Entré a la tienda y no dejaba de pensar en las fotos, en la sensación de sala de espera de hospital. Me asaltaba la idea de los tiempos que nos han tocado vivir, que rápida e ineluctablemente se han transformado.
            Hace apenas algunos años era tan común ir a que nos revelaran los rollos y esperar un par de horas para ver las fotos. Fotos que habíamos tomado un mes antes, o quizá más. Los rollos de 36 exposiciones no se terminaban rápido, y muchas veces lo quemábamos en tomas insulsas, y otras, otros, esperaban a que hubiera una buena imagen, a que valiera la pena hacer click y disparar. La espera valía la pena. Ahora esa sensación hospitalaria (una sala triste, tensa, enfermeras corriendo, murmullos, desvelo, café: la tortura de la espera) ya muy pocos, en el ámbito de la fotografía, la experimentan. Las cámaras digitales, los teléfonos celulares, la webcam, han liberado a muchos de esa sensación. Basta un instante, un par de segundos, según la configuración del dispositivo, para ver la imagen que hemos tomado, decidir si vale la pena para dejarla en la memoria, o eliminarla definitivamente. Casi instantáneo el asunto.
            Ni qué decir de su distribución. La tecnología permite que las fotografías, o cualquier otra imagen, se difundan con rapidez en las redes sociales. En algún momento gozaron de muy buena salud el metroflog y los blogs, ahora disfrutan de ella facebook y twitter. No digo que la instantaneidad y las redes sociales construyan ahora circunstancias desfavorables, al contrario. Para el fotoperiodismo, por ejemplo, las redes, los medios digitales, son importantes para este ejercicio profesional.
            Quizá la circunstancia que me llevó a esta breve reflexión es especial… la ansiedad de ver las fotos del rollo que pensaba extraviado después de un año, me hizo recordar lo que, no hace mucho era tan común y que, de alguna manera, me hace experimentar la modernidad.  



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