jueves, 21 de julio de 2011

Siete


Zapping
  • Siete
Vladimir González Roblero


Alrededor de 15 años atrás al menos en Tuxtla, la capital de Chiapas, se configuraba un escenario importante del movimiento rockero. Cada fin de semana el Parque Morelos y otros lugares, como bodegas y salones, registraban toquines con grupos que, entonces, dominaban el panorama contracultural. Entre ellos, recuerdo, estaban Skamosa, Féretro, Yep, La perra de la cuarta, Nauyaca, Ojos de perro azul, Orcus y más. Para entonces, porqué no decirlo, yo era un chamaco, y más que eso, todavía lo soy, un mero espectador. Quienes subían al escenario a reventarse rolas originales y covers chingones eran eso, chingones. Jóvenes ellos también. Arriba del escenario, con guitarras y batacas, eran los músicos. Abajo sus roles cambiaron. Como dice el filósofo hermeneuta Paul Ricoeur, las identidades no son esencialistas, mutan a lo largo del tiempo. Sin embargo, dice también, algo de esas identidades se mantiene inamovible: el nombre.
Planteo tres escenarios:

1.-
La calle. En la ciudad, en todas partes, abundan negocios relacionados con vidrios, marcos y aluminios. En alguna parte, por la zona oriente, alcancé a ver uno de ellos ha poco que necesitaba una ventana para mi casa. Iba en el transporte. Cerca del lugar el vehículo en el que viajaba se detuvo haciendo caso al semáforo que se ponía en rojo. Alcancé a ver, de lejos, a la persona que atendía el lugar. Ya no andaba la greña larga ni los tenis Converse que acostumbraba. Años atrás tocaba en distintos grupos de Tuxtla. En algunos era el baterista, en otros bajista y también guitarrista y vocalista. Un amigo mío le hizo una entrevista para algún reportaje sobre la contracultura en la ciudad. Guazapo le grité y volteó, aunque no supo a dónde ver.  

2.-
Una taquería. Una noche lluviosa, después de hacer algunas cosas fuera de casa, pasé a una taquería en la Novena Sur. Los pedí para llevar. Ocasionalmente Talita, Emilio y yo hemos cenado ahí. Llamó mi atención que la persona que preparaba los tacos no era la misma de siempre. Quien ahora atendía solía tocar el bajo en un grupo llamado Féretro. Ese grupo, en lo personal, era de mis preferidos. Entonces tocaban una de Brujería, La ley del plomo, y tenían otra rola que no sé porqué prendía bien grueso con el slam a los asistentes a sus conciertos. Esa rola se llamaba ¡Viva Chiapas! La voz gutural del vocalista, los guitarrazos y la destreza del bajista, a quien además las chicas metaleras le chiflaban a cada rato, hacían que fuera un grupo bastante aceptado. Al bajista, quien ahora despacha en la taquería, le decían el Pestañas. No quise comprobar si ya no le dicen así, aunque, a pesar del tiempo transcurrido, creo que sí.

3.-
La universidad. En la Feria Chiapas solían hacer festivales de rock y traer con frecuencia grupos de otros lados. Era oportunidad también para que los grupos locales se dieran a conocer, como ahora mismo lo es. Yo estaba por ingresar a la universidad cuando me tocó ver a un grupo, en la feria, que se llamaba Hecatombe. Era, como dije al inicio, un chamaco. Apenas lo recuerdo. Tengo presente al grupo, sin embargo, porque en la universidad mi profesor de radio me dijo que él era el baterista de ese grupo, y que había tocado esa vez que los vi. Por un tiempo Luis, mi profesor de radio, dejó la artistiada y se dedicó de tiempo completo a la academia. Ahora impulsa un proyecto nuevo: Conejoblues.

Los tres escenarios son distintos. Cada uno de sus actores construía su identidad de acuerdo con su contexto. Los tres fueron, como supongo lo son todavía, rockeros. Pero también, además de ello, con el tiempo convirtieron alguna parte de esa identidad, por sus actividades, en otra. Pero algo en ellos no cambió: la forma como los llamamos. 

Sígueme en tuiter: @vlatido
www.facebook.com/vlatido

2 comentarios:

  1. Me atreví a tomar este correo de Luis Daniel Pulido, que según entiendo ha querido postear aquí:
    Si, a los DEP los vi en el auditorio del CREA, imagínate, uf,y también a los Orcus originales. Estaban también Los Armadillo, con una chava, Esther y su novio, al que llamaban el "largo" Corzo, ja, pero tocaban chido, blues. Y ya en el ambito fresa, los HP5, del Tec de Monterrey, que le abrieron a Luzbel en San Cristóbal de las Casas, calculo que por 1987, en los tiempos del Comrock. El pestañas tenía una hermana bien bonita y que ahora vende carnes asadas frente al Coneculta y pues ya, ahora, es una ñora. El pestañas, según sé, se fue a Esatdos Unidos, de "mojado".

    Pero fueron buenos tiempos

    Un abrazo

    Luis Daniel Pulido

    ResponderEliminar
  2. Pregunté si estaba equivocado: en vez de Yep, debí haber escrito DEP. ¿Alguien los recuerda?

    ResponderEliminar