viernes, 21 de septiembre de 2012

Genio, disciplina y apuesta: Krontainel



Genio, disciplina y apuesta: Krontainel
Vladimir González Roblero

Para Emilio.

Uno. Emmanuel Kant, filósofo alemán, en su Crítica del juicio, dice sobre el genio:
De aquí, presumiblemente, que la palabra genio se derive de la palabra genius, el particular espíritu protector de un ser humano, dado con su nacimiento, espíritu cuya inspiración proceden aquellas ideas originales.

Es del genio, según Kant, de donde proceden las ideas originales. En Kant encontramos el fundamento de la estética trascendental, tan cara al arte y los artistas. Algunos de ellos, quizá en actitud romántica, como suele ser a veces el acto creativo, o tal vez por ignorancia, se quedan con esta idea común sobre el genio. La creación es talento puro, nada más. El talentoso, suelen decir algunos, es un genio: sólo necesita de su inspiración.
            Si leyéramos un poco más, caeríamos en la cuenta que Kant habla del genio, sí, del talento, sí, pero también de la disciplina. Se refiere al “genio correctamente disciplinado”. La disciplina, dice, debe ser parte del trabajo de un genio. El acto creativo, lo poético, no está dado simplemente por la genialidad, sino por la disciplina, horasnalga, ensayo y error. Algunos dirán que los genios no existen; lo que existen son los artistas que usan su talento, sí, pero también su disciplina.
            Lo que he dicho en párrafos precedentes viene a cuento porque Krontainel, novela colectiva, escrita al alimón por escritores en ciernes, asesorados por otro de ascendente trayectoria en las letras chiapanecas, Héctor Cortés Mandujano, no es, a mi juicio (valga Kant) obra de diez genios, sino de diez disciplinados. No debe ser de otra forma en un taller literario.
            En el Prólogo, Héctor Cortés cuenta cómo escribieron esta novela a diez rounds:
Desde hace unos años, con un grupo variable de personas a quienes no puedo sino llamar amigas, amigos; por quienes siento ya un afecto fraternal, me reúno cada viernes de seis a nueve de la noche, en un taller de diversa temática. Hemos revisado el cuento, el cuento policíaco, el real maravilloso, la dramaturgia; hemos publicado un libro colectivo –Los viernes a las seis- y este año, 2008, a alguien se le ocurrió que les diera un taller de novela.

Más adelante:
La lectura del primer capítulo trajo acaloradas discusiones que ni siquiera tenían que ver con el manuscrito –que celebramos-, sino con el carácter de la justicia en México, en Chiapas. No pudieron evitarse las salidas de tono. Una de las compañeras nos contó algo real y terrible, que decidimos aprovechar para nuestra novela.

Para Kant no existe genio sin disciplina. La pregunta es ¿cómo se adquiere la disciplina? Pienso que muchas veces es relacional. La respuesta puede pensarse, para el caso de la creación literaria, de los escritores que se inician, en relación con el otro. Un taller literario es el espacio para que el genio artístico se discipline aprendiendo de los demás. Las citas anteriores muestran la dinámica del taller literario. Krontainel no se escribió “a la primera”. El Prólogo deviene testimonio de cada uno de los púgiles-escritores: ya subidos al encordado se planteó la historia, se pensó la estructura, se asignaron los capítulos y cada viernes uno por uno se expuso ante la crítica de los demás. Ellos, los diez, lo testimonian: “no quería convertirme en la piedra en el zapato”, “he muerto de nervios varias veces”, “un tanto nerviosa y desconcertada” “no dormí toda la noche”, “locura, esa fue la palabra más veces empleada, por nosotros mismos, para calificar el proyecto de escribir una novela colectiva”.
            Finalmente supieron domar al potro desbocado, lo disciplinaron; el genio, espíritu bondadoso, se corporizó en este “pequeño Frankenstein” (Miguel Ángel Carballo Fernández dixit) cuyo nombre, otra vez el genio disciplinado, decidió fuera Krontainel.


Dos. Roger Chartier, historiador francés del libro y la lectura, distingue en su libro El mundo como representación, el texto del libro. Cito de memoria y explico: Chartier considera al libro un producto cultural, en cuyo proceso de producción intervienen muchas manos, no solamente las del autor. De hecho, dice, en un libro el autor es dueño solamente del texto, de lo escrito, de lo poético en el caso de la literatura. Pero el libro, como tal, se construye en relación con sus posibles lectores. De este modo, el editor, por ejemplo, escoge y propone el formato, el tipo de pasta, el tipo y tamaño de letra, ubica los paratextos. El texto se transforma en libro: un producto que se lanza al círculo de consumo y finalmente a la resignificación o apropiación de los lectores.
            Krontainel, la historia, la novela, se divide en dos partes: Nizic y Jovel. El libro, sin embargo, se divide en tres: el Prólogo es la tercera. Lo anterior es importante por el sentido de la novela: en ella se juega con el número tres como símbolo trágico. La historia se construye sobre tres cruces quemadas, tres palmeras de igual sino, trillizos, tres perros muertos, Trinidad, la licenciada: tres personajes protagónicos: Andrés, Axelle y Jacinto.
            El Prólogo, como quedó sugerido, son diez testimonios del proceso creativo, de la hechura de la novela. Los autores narran y describen su experiencia en este experimento, como dijo alguno de ellos. Por lo escrito, entendemos que Krontainel, sus personajes, fueron vivenciados y se convirtieron en amor u obsesión de sus escritores, a tal grado de padecer la muerte de uno de ellos.
            La primera parte de la historia, Nizic, es el planteamiento. En ella se construyen los personajes principales: Andrés y Jacinto, indígenas tzotziles originarios de Nizic, y Axelle, francesa que termina vinculándose, cosas de la ficción, con los dos primeros.
            Jovel es la segunda parte de la novela. Podría pensarse el envés de la primera, pues aquella sugiere el mundo indígena y ésta el ladino. La historia, entonces, ocurre casi por completo en la ciudad de San Cristóbal. Significa, además, el desenlace y final de lo planteado en Nizic. Si consideramos al prólogo como un ejercicio metaficcional, en tanto se piensa la ficción o la historia de la novela, Jovel, la segunda parte, concluye dicha intención al enterarnos, los lectores, quiénes son los narradores, es decir, entendemos que la historia es escrita por dos estudiantes de antropología que escriben una tesis y, al mismo tiempo, con el material recabado de la investigación, escriben una novela. Ejercicio metaficcional también porque queda sugerido, ahí, el asesor de la tesis, personaje enteramente de ficción, como el asesor de la novela, personaje cuyo referente es extralingüístico y por lo tanto ficcionalizado.
            Al leer el Prólogo como paratexto, es decir, como un elemento que convierte al texto en libro, nos queda desde ya sugerido el curso de la historia narrada.
           
Tres. Edmundo O’ Gorman, historiador mexicano, es autor de uno de los ensayos historiográficos más importantes: La invención de América. En él plantea la tesis de que América, en realidad, no fue descubierta sino inventada por el mundo occidental. El proceso de invención comenzó como un shock: ¿cómo es posible que existan estas tierras desconocidas, que no hayan sido creadas por Dios y que, por lo tanto, sus habitantes no sean sus hijos? Una de las primeras explicaciones fue que las nuevas tierras, aún no llamadas América, eran el Paraíso Terrenal, y por lo tanto formaban parte del mundo ya conocido, es decir, no eran una cuarta parte del mundo. Después, Américo Vespucio comprobó lo contrario: sí era la cuarta parte. Otro shock. La salida a esta otra problemática fue decir que el nuevo mundo en realidad formaba parte del viejo mundo y que, aunque separado por los mares, estaba unido por debajo de éstos. Finalmente se concluyó que formaban el mismo ser: Europa, Asia y África. El nombre de estas tierras, se intuye, debía ser femenino: América.
            Krontainel es hija de un proceso poético como lo fue América. El título significa en tzotzil “odio”. Los autores, al igual que Occidente, la construyeron. La historia, al estilo del asesor, no lo dudo, intenta construir personajes distintos a los que la novelística indigenista construye: no son poéticos ni ideales, son simple y llanamente seres humanos. Tan lo son que su bondad, la bondad que frecuentemente representa cierta corriente literaria, es solamente una dimensión de su ser: la otra, por decir su opuesto, es el odio. Ésta es una historia del odio. Se construye reflexionando la influencia de la magia en los conflictos indígenas. La historia, de este modo, muta en gore: sangrienta.
            Como América, Krontainel es un continente inventado. Los seres que lo habitan, todos, tienen una razón de ser: aparecen y juegan papeles decisivos en la historia. No dejan de ser tres los importantes, como tampoco deja de ser el número tres el motivo del misterio. Todos están vinculados entre sí: Andrés y Jacinto; Jacinto y Axelle; Axelle y Harry; Harry y Jacinto; Jacinto y Trinidad; Trinidad y Andrés; Natalia, Lucía y Axelle; Natalia, Lucía y Roberto Cabrera; Roberto Cabrera y Andrés.
            Sólo, y las narradoras lo dicen como ejercicio confesional, queda suelto un cuchillo: si aparece y no se usa, nunca debió estar ahí. A pesar de ello, el mundo narrado es redondo.
            Krontainel el libro, la novela, la historia es una apuesta: escribirla a diez rounds, 20 manos, no debió haber sido tarea fácil. Como apuesta, aunque azarosa, el genio y la disciplina la llevan a buen puerto.


           
                        Tuxtla de los Conejos, septiembre de 2012
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