viernes, 21 de marzo de 2014

El mundo: propósito poético

Zapping
  • El mundo: propósito poético
Vladimir González Roblero

Uno
La capacidad de nombrar el mundo es un acto poético. Lo decía el viejo Cassirer: somos animales simbólicos. Nuestro lenguaje, sea coloquial o especializado, permite inventarnos lo que nos rodea. No vemos realidades ni objetos puros, sino construidos y nombrados por el lenguaje. En ello juega un papel importante el contexto histórico y social. El modo en que comprendemos el mundo es condicionado por los grandes agentes legitimadores, narrativas dirán algunos, que dominan las sociedades históricas: la Iglesia, el Estado, la escuela, los medios de comunicación.
            Entonces comprendemos que el mundo no es como tal, sino como lo percibimos. El utillaje mental construye múltiples realidades, o dimensiones de lo real. Las realidades son tantas como los seres humanos, sus culturas, sus sistemas de pensamiento.

Dos
Recientemente circuló en redes sociales, feis y tuiter, el hashtag, ese neologismo, #EnUnaPalabra para ti ¿Qué es Tuxtla? Según refiere una notadeprensa (para no desentonar, todojunto, al estilo de la Onda), hubo opiniones variopintas. Las que van desde el lugar romántico, idealizado, hasta los recordatorios a Bachir, al Colocho y al Bigotón, hijoeputas.
La ciudad es el espacio apropiado. La hacen suya los políticos que la inundan con fotos propias y de sus familias, cuya agenda política percibe la ciudad cual botín de corsarios. La hizo suya un sector juvenil de la tuxtlecada fanzinera: espacio narrativo, lugar de atracos y corazones solitarios; escenario de luchas intestinas de @ElPituka y @LaVendeTijera (ahora tuitstars) versus los Falconi, Aramoni, Castellanos y demás vainas.
Tuxtla, ciudad rosa, sí. Rosaperro. PulidoDixit        

Tres
Los Estados nacionales también son construcciones artificiales. Son, dirán los historiadores de las regiones, hipótesis a comprobar. Eso es México. El país como imaginario simbólico que al paso del tiempo no termina de cuajar. Se crearon símbolos que obedecieron a las distintas agendas, a los distintos modos de acomodarse a escenarios locales y globales. El tequila, el mariachi y las sagradas Chivas Rayadas del Guadalajara formaron parte de la cultura popular mexicana (sí, de tal entelequia) al poco rato de la guerra cristera, acaecida principalmente en el Occidente del país. Con ellos las carnitas y las gorditas en la esquina del, en otro tiempo, Parque Madero.
            Después el Sur, fenómeno finisecular. El nuevo héroe cultural encarnado por el Sup sustituyó al Santo y a Blue Demon. La marimba y los tamales oaxaqueños, además del patrimonio natural, tuvieron múltiples menciones en los massmedia. Otra vez el terruño como escenario narrativo, pero ahora con otros actores, literalmente, estrellas de televisión en contubernio con algún gobernador, cuya agenda, ¿ya lo dije?, era saltar las fronteras geopolíticas de la patriachica y colocarse como secretario de Gobierno o algo así.

Cuatro
La historiografía y la literatura también construyen las realidades que narran. Sus modos de hacerlo son más cercanos de lo que aparentan. La filosofía posmoderna, esa vilipendiada, mira al lenguaje como el espacio donde la realidad se construye y a la vez se diluye. Dicha condición de lingüisticidad sugiere la novela como historia y la historia como novela. Los historiadores, que mantienen un pacto soterrado con el posmodernismo, a veces ni lo saben, escriben relatos románticos o trágicos, por nombrar opuestos; los novelistas, que mantienen un pacto soterrado con el positivismo, a veces ni lo saben, escriben relatos cuya condición es su historicidad. Los dos aprehenden la realidad con sus estrategias, sus referencialidades, y producen discursos, modos de nombrar el pasado.

Cinco
Adolfo Sánchez Vázquez es contundente: el mundo de los seres humanos es estético. Depende de las relaciones que establezcamos con él. Otra vez recuerda nuestra historicidad, la misma que hace mutar la condición ontológica de las cosas, su ser. Un objeto de la calle cambia su condición en una vitrina de cualquier museo. Finalmente, el modo en que lo miramos, el lenguaje que utilizamos para nombrarlo, nos remite al acto poético, es decir, al momento de creación del mundo.

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