miércoles, 18 de noviembre de 2015

Mirarse en el mundo

Zapping

  • ·      Mirarse en el mundo
Vladimir González Roblero

Uno
En los congresos, coloquios y esas vainas académicas, los participantes suelen presentarse a sí mismos. Las convocatorias piden que, en un par de párrafos, se resuma sus trayectorias. Hay a quienes les cuesta sintetizar y envían la cuartilla que los organizadores tratan de evitar. También aparecen los modestos, falsos o auténticos. Estas fichas curriculares están a medio caballo entre la autobiografía y la autoficción. La diferencia se sitúa en relación al estatus de verdad. Los relatos autobiográficos pretenden aprehender lo acontecido al personaje en un tiempo histórico; los relatos de autoficción no ocurren en este tiempo, sino en el meramente ficticio.
            Los acontecimientos académicos son oportunidades para autobservarse y para observar al participante. Son puestas en escena de sí mismo: algunas rayan en la fragmentación meticulosa de los diarios; otras en lo carnavalesco, autocrítica, a la Henry Chinaski. Ambos, sin embargo, atisban hacia la construcción de un conocimiento, es decir, al modo de mirarse en el mundo.

Dos
En tanto puesta en escena de sí mismo, la autobiografía y la autoficción son géneros discursivos del acontecer. Son ficciones: la primera como lo fingido y la segunda como lo ficticio. El relato se acomoda como la estrategia para conocer. Escribir un relato, de sí mismo o de otro, del individuo o del colectivo, fingido o ficticio, encierra un proceso creativo. Es indagación, reflexión y búsqueda. Morales Bermúdez dixit.              
La lectura es un pacto. El lector se fía y asume como cierto lo narrado, en el caso de la autobiografía; y guiña cómplice como si fuera cierto lo narrado en la autoficción. Los lectores perfectos son los autores. Está en ellos el derecho a explicitar el sentido de su obra; a mostrar el momento de la creación.

Tres
Ficciones, puestas en escena de sí mismos, observamos a diario. Como el político que asume un discurso ciudadano y recula ante los regaños de sus jefes. Se narra a sí mismo y construye el discurso a través de recados e imágenes en redes sociales virtuales. Lejos está de lo fingido y cerca de lo ficticio. Un día cualquiera el feis populariza lo hecho por un grupo de personas: recuperan simbólicamente un parque que, años atrás, dejó de ser suyo cuando el gobernador en turno decide pagar un favor político rebautizándolo con el nombre un político de viejo cuño.
            El acto ciudadano es un relato y su respuesta también. La historia de lo inmediato, la nota y el comentario, sugieren el sentido épico para unos y ridículo para otros.

Cuatro
La cultura, sus agentes, construyen su propio mundo. La Feria Chiapas, recientemente anunciada, muestra el modelo de gestión y la idea de público de la autoridad cultural. Mirar al otro dice mucho de sí mismo. El personaje construido se desnuda como lo que es: complaciente y villamelón.
Del otro lado están los héroes trágicos. Sufren penas y se refugian en la independencia y lo alternativo. Sus estrategias de resistencia, sin embargo, los convierten en lo que critican. Miran en el acontecimiento la panacea y obvian los procesos de largo aliento.
Construyen sus relatos entre la autobiografía y la autoficción. Modos de mirarse en el mundo.


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