martes, 17 de mayo de 2016

Arte, creación y política

Zapping
  •  Arte, creación y política

Vladimir González Roblero

Uno
Ciertas corrientes de pensamiento recuperan la pregunta ¿qué es el arte? Algunos dicen que dicha pregunta es eurocéntrica; otros que el arte ya no es obra, sino experiencia; los hay quienes, desde lo que llaman descolonización del pensamiento, asumen que en todos los pueblos hay manifestaciones creativas, no necesariamente artísticas si las pensamos al modo del arte occidental.
            La pregunta no deja de ser pertinente porque desde ella se construyen políticas culturales, lo que sugiere, entonces, que el problema del arte (en tanto preguntamos qué es) no es estético sino social.

Dos
En días pasados, el Instituto Tuxtleco de Arte y Cultura realizó la sexta edición de Escapararte, un festival que tiene como intención llevar el arte a las calles. En esta ocasión se realizaron, según sus organizadores, 106 intervenciones artísticas y culturales en distintos puntos de la ciudad, bajo el eslogan (hashtag en redes sociales) “Haz que suceda” (agregue usted el gatito #). Actividad encomiable en la que subyace la pregunta inicial.
            Una de las intenciones del festival, decía, es “llevar el arte a las calles”. Si revisamos el programa, encontramos música, artes visuales, teatro, danza, literatura, cine… es decir, aquello que cae en el supuesto del arte occidental. Claro, esas manifestaciones artísticas se hallan en sus recintos: el museo como paradigma de la contemplación; galerías y espacios culturales independientes, que albergan a los artistas emergentes; espacios de formación artística como universidades y talleres; salas de cine que condicionan la experiencia estética. Desde este supuesto el arte no está en la calle.

Tres
La historia del arte se ha construido desde los parámetros de la historia universal; la artesanía, el arte popular y otras manifestaciones de la capacidad creativa de los seres humanos, no encajan en su relato. De hecho han sido consideradas artes menores. Incluso hay quienes dicen, por ejemplo, que no existe tal cosa llamada “arte prehispánico” y que tampoco eso que ahora llaman “literatura indígena”.
            El arte es resultado de una capacidad humana: crear. La imaginación creadora está presente en todas las culturas. Algunas de ellas, sin embargo, han considerado al arte como único producto de dicha capacidad. Si se permite la analogía, es del mismo modo como la ciencia se ha impuesto como conocimiento universal. Es un discurso de dominación.
            Así llegamos a la idea de que el arte que no está en la calle es el que encaja en el viejo relato historiográfico. El mismo que reproduce las instituciones. Otro arte, es decir, aquello que resulta de la creación, ha estado ahí o al menos fuera de los espacios destinados a la contemplación.
           
Cuatro
Lo preocupante, más allá de aburridas discusiones académicas, es asumir que los artistas son dueños legítimos de la capacidad creadora. Lo anterior conlleva el diseño de una política cultural carismática. En ella las intervenciones del Estado en el campo artístico se orientan solamente a quienes se han legitimado como artistas.
El problema en torno a la pregunta ¿qué es el arte? ya no es estético, sino social. La distribución de recursos económicos o de otra índole, destinados a la promoción cultural, beneficia principalmente a los artistas en menoscabo de quienes cuya propuesta creativa no se halla en los recintos consagrados a la contemplación.

Tuiter: @vlatido
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