miércoles, 8 de marzo de 2017

Cultura escrita en sus márgenes

Zapping
·       Cultura escrita en sus márgenes
Vladimir González Roblero
           
Uno
Un tema al que recurro ha sido el periodismo y la cultura. Hace no mucho tiempo, Daniel Trejo, locutor y promotor del rock, me facilitó ejemplares del fanzine Rock’n’Chiapas. Al tenerlos, volteé hacia atrás para mirar cómo el oficio de escribidor se ha visto inmiscuido en prácticas culturales dentro y fuera de espacios instituidos. Así atestiguamos tendencias y emergencias: al sistema que fagocita la novedad, vaivenes entre el centro y la periferia.
           
Dos
¿Márgenes? En la década de 1940, hacia su ocaso, existió en Chiapas una pequeña revista cultural llamada Amanecer. Aparentemente fue una de las primeras publicaciones culturales fuera del círculo del poder. Su editora era Mercedes Camacho, entonces joven preparatoriana. No era auspiciada por el gobierno del estado ni contaba con el padrinazgo de político alguno. Podríamos pensarla como independiente.
            Surgió en los márgenes. De a poco los tentáculos de la élite cultural la sacaron de ahí. Las alusiones al Ateneo de Ciencias y Artes de Chiapas y a sus integrantes se hicieron comunes. De hecho, algunas de las firmas de Amanecer después aparecerían en la revista Ateneo. El esfuerzo de una joven chica por hacer periodismo se vio empañado por los intelectuales orgánicos de la época.
            Además, la revista Amanecer es uno de los primeros ejercicios manifiestos de promoción cultural. Entre sus autorrepresentaciones se denominaba “la revista cultural de Chiapas” y sus hacedores “promotores culturales”. Aspiraciones desde la periferia.

Tres
Centro. El camino de la independencia se vio eclipsado en los años posteriores. Las revistas culturales más importantes nacieron bajo el cobijo del Estado. Fue el caso de Ateneo y Chiapas, referentes del periodismo cultural aldeano. En el seno del Estado también se instituyeron las élites culturales. Ellas rápidamente anquilosaron, desde la institucionalidad, el periodismo y la promoción cultural.
            Las revistas culturales, lo he dicho en otro lado (Leer: https://goo.gl/Ybf2oo), concibieron al arte y la cultura como recurso. Lo fue en el ámbito de la promoción turística, como explícitamente lo hacía Chiapas. También se concibió para el consenso, como de manera velada sucedía en Ateneo. A pesar de su servilismo ninguna de ellas sobrevivió a la decadencia de su mecenas, el gobernador Francisco José Grajales.
Varios ateneístas se enquistaron en el Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas, el Icach, fundado en la década de 1940. Su proyecto editorial mutó en la Revista Icach. Al menos sus creadores se sintieron herederos. Así en 1959 aparece el primer número de la revista, que ha vivido varias épocas hasta la década del año 2000. Esta tradición editorial permeó en el Instituto Chiapaneco de Cultura, en la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas y en el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes. La institución como refugio.

Cuatro
Márgenes. Muchos años después, en la década de 1980, irrumpió entre los tuxtlecos la cultura del rock. Para entonces existían grupos locales y algunos de talla nacional vinieron a tocar. Con ella también aparecieron nuevas estrategias viejas de comunicación. Me refiero a los fanzines. Éstos se popularizaron entre las décadas de 1990 y 2000 (Leer: https://goo.gl/ZSfUMa).
Hacia finales de la década de 1980, sin embargo, se publicó quizá el primer fanzine tuxtleco: Rock’n’Chiapas. Lo editaba José Luis Gómez Pérez, alias El Kiss. El fanzine, es decir, revista hecha por aficionados, visibilizaba la emergencia del rock local, sus grupos y tocadas, su ideología y estética.
Rock’n’Chiapas era mecanografiado y se completaba a mano. Significó entonces una apuesta distinta al periodismo local, como los fanzines posteriores también lo fueron. Esta visión instituyente, creadora, lentamente ha caminado a la institucionalidad. Al menos muchos fanzineros han pasado por la prensa escrita, institución socialmente legitimada. De ahí a las editoriales independientes y a las mieles de las redes sociales virtuales. Centro y periferia.


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