Zapping
·
Brujería, la espera (echando chingazos)
Vladimir González Roblero
La noche del sábado lloviznó a
las 8. Era la presentación de Brujería en Tuxtla. Las puertas del salón Suterm
estaban cerradas. Algunos comentarios en el muro de feis de los organizadores apuraban el comienzo. Se venía el agua. Abrieron.
A las nueve se presentó el grupo Acidez.
El clásico
grito tuxtleco “¡ora pue vergas!” inundó el salón. Más de una hora antes había
terminado el concierto del segundo en turno, Next, fundadores junto a otros de
eso que llaman metal mexicano. Cerraron con la coreada “Debes morir”. La banda quedó
a punto para Brujería.
La espera fue larga. Latas de cerveza
comenzaban a acumularse en los costados, junto a las paredes. La ola de calor
que ha azotado a Tuxtla alcanza los 40 grados en el día. Las noches apenas
refrescan. Adentro del inmueble la gente suda y las cervezas fluyen. El aire
acondicionado no se da abasto. La mariguana tampoco. Unas 300 personas, sino más,
se irritan.
-¡Ora
pue vergas!, -grita uno y otros lo secundan.
Añaden:
-¡Culeeeeeeros!
Chiflidos
musicalizan el ambiente.
El enojo
amaina cuando entran los primeros integrantes de Brujería por la puerta principal.
Aplausos junto a un “hijos de su puta madre”. Les hacen el pasillo. Caminan hacia
el fondo, la gente se abre y enseñan la vía al escenario.
Impaciencia.
Nick el baterista comienza a colocar tambores y platillos. Problemas con el
audio. Una y otra vez pedía escuchar su monitor. A señas trataba de hacerse
entender con el encargado de sonido. El staff además buscaba afanosamente echar
a andar el clima que daba directo al templete. Calor y nervios. Los asistentes
apuraban: más silbidos y mentadas de madre.
-¡Apúrate
panzudo! –espetó alguien. Otro comenzó a lanzar latas vacías de cerveza a la
zona VIP. Ésta era la más cercana a los músicos. Se dividía de la general por
una valla que, después, terminó arrastrada por la multitud. Entonces valió madre
el costo de los boletos: 500 pesos en general y 750 en exclusiva.
En la espera
un borracho cayó de bruces. Bulto.
Una de la
mañana. En el salón los seguidores seguían presionando; en el ciberespacio
también: “Ya es tarde yaaaaa vergas” escribió alguien. Las redes sociales
tampoco dan tregua. A esta hora otro consuelo: Juan Brujo, el vocalista, ingresa
al salón. El mismo ritual: la gente lo señala, rechifla, aplaude y se abre a su
paso.
El mismo
Carlos Alanís, frontman de Next, hace
una pausa en la charla que sostenía, cerveza en mano, con la raza. Atrás vienen
también los punketos de Acidez. El escenario estaba puesto. Mientras tanto los
problemas de audio seguían. Personal de Brujería tuvo que bajarse y caminar
rápido a la consola.
Los músicos
en el escenario recurrieron a sus personajes. Se enfundaron las clásicas
playeras metaleras con la leyenda Brujería, además todos usaron paliacates para
cubrirse el rostro. Estética del brujerizmo.
Personaje aparte, siempre enfundado en su alter
ego, Juan Brujo. Arribó tal cual: gorra de la banda, paliacate con el
escudo nacional de México y, como parte de su performance, un machete.
Otros minutos
de espera, casi una ofensa. Agitación. Los primeros guitarrazos de Brujería
domeñaron a los iracundos. Inmediatamente aparecieron celulares en alto, como
velitas en peregrinación.
Fue una
espera larga: 25 años desde la aparición de su primer disco Matando güeros (¡discazo!) y una hora
con cuarenta y tantos minutos desde los acordes finales de la banda anterior.
Ardió el
infierno.
El resto lo
saben (o se lo imaginan): echando chingazos.
(Mira: https://goo.gl/ao3nGV).
Léeme en www.zzapping.blogspot.com
Tuiteo como @vlatido
No hay comentarios:
Publicar un comentario