Zapping
- Yo conocí al Dandy Pérez
Por @Vlátido
Uno
La primera vez que visité la cantina del Ché, la del
Ché Garufas, quedé sorprendido por la bohemia que ahí se respiraba. En visitas
consuetudinarias, de bolenco, escuché
y participé en conversaciones variopintas. Entre bocanadas de humo de cigarro,
cervezas y botana, mala por cierto, se hablaba de las fotografías pegadas en la
pared, las del Sup, del Púas, periodistas y poetas aldeanos,
hasta charlas sobre la Vendetijera y el Pituka, personajes también pintorescos
de Tuxtla, la capital chiapaneca.
Conocí
al Ché, a Ulises Mandujano. Era el dueño de la cantinita. Don Ché, además de
servir las cervezas, era un excelente cuentero. Dejaba que los comensales,
bebedores, se hallaran en la cantina, bebieran dos que tres, y listo: se paraba
a un costado de la mesa y entablaba conversación con los ahí reunidos. Del
comentario jocoso, de esos que se echan como rompehielos, pasaba a las historias, las anécdotas, sus cuentos.
No
sabía que era escritor, que había ganado y participado decorosamente en
distintos concursos regionales de cuento. Se hacía llamar el Conde de Tolán, un
poblado allá por el Valle de Cintalapa. El Navo,
escritor exiliado, a quien también conocí en la cantina del Ché, alguna vez me
había hablado con entusiasmo de sus cuentos, del ya famoso Dandy Pérez, la
historia de un boxeador aficionado cuya efímera gloria en los cuadriláteros se
vio opacada por sospechas de corrupción.
Dos
El Ché, como era costumbre, contó varias historias el
día que me vendió Don cenizo y… doce más.
La que más recordaba era la del Dandy Pérez. Le pedí que la contara, y le expliqué
que un amigo la había referido en varias ocasiones. Lo hizo con especial
entusiasmo, ensalzando su condición de mención honorífica en un concurso de
cuento regional llevado a cabo en Coatzacoalcos, Veracruz. “Te vendiste,
cabrón, te vendiste”, contaba al final de la historia, entre risotadas de
quienes lo escuchábamos atentos, y de él mismo.
Después,
con el dejo de la historia, vívida, el Ché regresó a la mesa con un libro. “Ahí
está, cuesta 60 varos”, me dijo. Eran los cuentos de Don cenizo. Lo enseñó: presumió los dibujos que los ilustraba, los
había hecho Arcadio Acevedo; relacionó los cuentos, las anécdotas y las
historias ahí narrados, desde “El hombre que llegó con la ceniza”, mejor
conocido como Don cenizo, que abre la
edición, hasta la historia “Sobrinos S.A.” Muchas de ellas, advertía, eran
vivencias, anécdotas suyas, escritas en el ámbito de la ficción. Nos reímos de
la portada, ilustrada por Arcadio, con una leyenda que dice: “Publicación
prohibida para la familia Abascal”. En ese entonces, 2001, Carlos Abascal,
secretario del Trabajo del gobierno federal, había criticado que una profesora
le diera a leer a su hija Aura, de
Carlos Fuentes.
Lo
que se configuraba ya, sin saber más de lo que el Ché contaba, terminé de
comprobarlo cuando miré la contraportada: otro dibujo de Arcadio, en marca de
agua, y hasta abajo su mero patrocinador: Superior,
la cerveza. El libro tenía dedicatoria para su público cautivo, los adoradores
de Baco. La portadilla enlista, a manera de agradecimientos, a sus cuncas, los bolonautas.
Buena
parte de las historias que el Ché contaba en su cantina aparecen en el libro.
No todas son cuentos, ese género literario, dicen los que saben, difícil de
domeñar. Algunos son simples relatos, anécdotas, vivencias. “El Dandy Pérez”,
me parece el mejor; los demás prefería escucharlos de boca de su autor.
Tres
A mi correo electrónico llegaron invitaciones, las vi posteadas en algún blog y también en
redes sociales. Se anunciaba una gran función de box: el “Dandy” Pérez contra el “Perico” Gámez. El primero personaje del
Ché, el segundo personaje del también escritor Omar Gámez “Navo”. Los dos
personajes de ficción entrecruzaron su universo, el de las lecturas, con el
mundo de los lectores. Los autores y sus lectores, finalmente, reinterpretaron
a su modo las historias y permitieron “los guamazos de las metáforas”, como
registraban los periódicos el acontecimiento. Reinventaron el mundo.
La
pieza periodística de Sara Regalado consignaba:
“El Perico” Gámez y “El Dandy”
Pérez saltaron al cuadrilátero para dar lectura al cuento más representativo
que tiene cada uno acerca del box, relatos que fueron escritos en momentos
diferentes, en contextos totalmente distintos, pero que tienen una similitud
impresionante, no sólo por referirse y utilizar el lenguaje propio del
pugilismo, sino porque en ambos cuentos se ve proyectada una historia
biográfica de cada autor, el contexto en el que cada escritor vivía en cierta
etapa de su vida…
El Ché, muchos días después, en la cotidianidad de su
cantina, narraba lo acontecido. El pretexto para tal historia era el cartel pegado
en la pared que promocionaba la pelea. En él se decía, al más puro estilo
pugilístico: “¡La pelea del año! Gran pelea cultural a 6 rounds sin límite de
tiempo. Pelea estelar. Ulises Mandujano Nájera (El Dandy Pérez) vs Omar Gámez
Navo (El “Perico” Gámez). El tercero sobre el ring réferi internacional Arcadio
Acevedo. Sabines Palace. Entrada libre.” Era enero de 2011. El Ché llevaba y
traía cervezas, pasaba botanas, salía a comprar cigarros e, insisto, a la menor
provocación se sentaba y asumía su papel de cuentero: “El Navo me retó, lo hicimos en el centro cultural”, decía mientras
revivía su personaje.
Atestiguábamos
una práctica de lectura de un texto anticipado. Aunque no sé si el Ché algún
día escribiría la historia de “la gran pelea cultural”. Las secuelas, segundas
o terceras partes, no suelen ser mejores. En Don cenizo… relata una historia más del Dandy. No tenía caso
hacerlo. Déjenme decirlo, el Ché, en su faceta de cuentero, sabía atrapar a sus
escuchas convertidos ipso facto en
lectores. Además la secuela, los aldeanos lo saben, fue segada por el cáncer.
Tuxtla, noviembre de 2012.
Léeme
en www.zzapping.blogspot.com
Tuiteo
como @Vlátido

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