Genio, disciplina y apuesta: Krontainel
Vladimir González
Roblero
Para Emilio.
Uno. Emmanuel Kant, filósofo alemán, en su Crítica del juicio, dice sobre el genio:
De aquí, presumiblemente, que la palabra
genio se derive de la palabra genius,
el particular espíritu protector de un ser humano, dado con su nacimiento,
espíritu cuya inspiración proceden aquellas ideas originales.
Es del genio, según Kant, de donde
proceden las ideas originales. En Kant encontramos el fundamento de la estética
trascendental, tan cara al arte y los artistas. Algunos de ellos, quizá en
actitud romántica, como suele ser a veces el acto creativo, o tal vez por
ignorancia, se quedan con esta idea común sobre el genio. La creación es
talento puro, nada más. El talentoso, suelen decir algunos, es un genio: sólo
necesita de su inspiración.
Si
leyéramos un poco más, caeríamos en la cuenta que Kant habla del genio, sí, del
talento, sí, pero también de la disciplina. Se refiere al “genio correctamente
disciplinado”. La disciplina, dice, debe ser parte del trabajo de un genio. El
acto creativo, lo poético, no está dado simplemente por la genialidad, sino por
la disciplina, horasnalga, ensayo y
error. Algunos dirán que los genios no existen; lo que existen son los artistas
que usan su talento, sí, pero también su disciplina.
Lo
que he dicho en párrafos precedentes viene a cuento porque Krontainel, novela colectiva, escrita al alimón por escritores en
ciernes, asesorados por otro de ascendente trayectoria en las letras
chiapanecas, Héctor Cortés Mandujano, no es, a mi juicio (valga Kant) obra de
diez genios, sino de diez disciplinados. No debe ser de otra forma en un taller
literario.
En
el Prólogo, Héctor Cortés cuenta cómo
escribieron esta novela a diez rounds:
Desde hace unos años, con un grupo
variable de personas a quienes no puedo sino llamar amigas, amigos; por quienes
siento ya un afecto fraternal, me reúno cada viernes de seis a nueve de la
noche, en un taller de diversa temática. Hemos revisado el cuento, el cuento
policíaco, el real maravilloso, la dramaturgia; hemos publicado un libro
colectivo –Los viernes a las seis- y
este año, 2008, a
alguien se le ocurrió que les diera un taller de novela.
Más adelante:
La lectura del primer capítulo trajo
acaloradas discusiones que ni siquiera tenían que ver con el manuscrito –que
celebramos-, sino con el carácter de la justicia en México, en Chiapas. No
pudieron evitarse las salidas de tono. Una de las compañeras nos contó algo
real y terrible, que decidimos aprovechar para nuestra novela.
Para Kant no existe genio sin disciplina.
La pregunta es ¿cómo se adquiere la disciplina? Pienso que muchas veces es
relacional. La respuesta puede pensarse, para el caso de la creación literaria,
de los escritores que se inician, en relación con el otro. Un taller literario
es el espacio para que el genio artístico se discipline aprendiendo de los
demás. Las citas anteriores muestran la dinámica del taller literario. Krontainel no se escribió “a la
primera”. El Prólogo deviene
testimonio de cada uno de los púgiles-escritores: ya subidos al encordado se
planteó la historia, se pensó la estructura, se asignaron los capítulos y cada
viernes uno por uno se expuso ante la crítica de los demás. Ellos, los diez, lo
testimonian: “no quería convertirme en la piedra en el zapato”, “he muerto de
nervios varias veces”, “un tanto nerviosa y desconcertada” “no dormí toda la
noche”, “locura, esa fue la palabra más veces empleada, por nosotros mismos,
para calificar el proyecto de escribir una novela colectiva”.
Finalmente
supieron domar al potro desbocado, lo disciplinaron; el genio, espíritu
bondadoso, se corporizó en este “pequeño Frankenstein” (Miguel Ángel Carballo
Fernández dixit) cuyo nombre, otra
vez el genio disciplinado, decidió fuera Krontainel.
Dos. Roger Chartier, historiador francés del libro y la
lectura, distingue en su libro El mundo
como representación, el texto del libro. Cito de memoria y explico: Chartier
considera al libro un producto cultural, en cuyo proceso de producción
intervienen muchas manos, no solamente las del autor. De hecho, dice, en un
libro el autor es dueño solamente del texto, de lo escrito, de lo poético en el
caso de la literatura. Pero el libro, como tal, se construye en relación con
sus posibles lectores. De este modo, el editor, por ejemplo, escoge y propone
el formato, el tipo de pasta, el tipo y tamaño de letra, ubica los paratextos.
El texto se transforma en libro: un producto que se lanza al círculo de consumo
y finalmente a la resignificación o apropiación de los lectores.
Krontainel, la historia, la novela, se
divide en dos partes: Nizic y Jovel. El libro, sin embargo, se divide en tres:
el Prólogo es la tercera. Lo anterior
es importante por el sentido de la novela: en ella se juega con el número tres como
símbolo trágico. La historia se construye sobre tres cruces quemadas, tres
palmeras de igual sino, trillizos, tres perros muertos, Trinidad, la licenciada:
tres personajes protagónicos: Andrés, Axelle y Jacinto.
El
Prólogo, como quedó sugerido, son
diez testimonios del proceso creativo, de la hechura de la novela. Los autores
narran y describen su experiencia en este experimento, como dijo alguno de
ellos. Por lo escrito, entendemos que Krontainel,
sus personajes, fueron vivenciados y se convirtieron en amor u obsesión de sus
escritores, a tal grado de padecer la muerte de uno de ellos.
La
primera parte de la historia, Nizic, es el planteamiento. En ella se construyen
los personajes principales: Andrés y Jacinto, indígenas tzotziles originarios
de Nizic, y Axelle, francesa que termina vinculándose, cosas de la ficción, con
los dos primeros.
Jovel
es la segunda parte de la novela. Podría pensarse el envés de la primera, pues
aquella sugiere el mundo indígena y ésta el ladino. La historia, entonces, ocurre
casi por completo en la ciudad de San Cristóbal. Significa, además, el
desenlace y final de lo planteado en Nizic. Si consideramos al prólogo como un
ejercicio metaficcional, en tanto se piensa la ficción o la historia de la
novela, Jovel, la segunda parte, concluye dicha intención al enterarnos, los
lectores, quiénes son los narradores, es decir, entendemos que la historia es
escrita por dos estudiantes de antropología que escriben una tesis y, al mismo
tiempo, con el material recabado de la investigación, escriben una novela.
Ejercicio metaficcional también porque queda sugerido, ahí, el asesor de la
tesis, personaje enteramente de ficción, como el asesor de la novela, personaje
cuyo referente es extralingüístico y por lo tanto ficcionalizado.
Al
leer el Prólogo como paratexto, es
decir, como un elemento que convierte al texto en libro, nos queda desde ya
sugerido el curso de la historia narrada.
Tres. Edmundo O’ Gorman, historiador mexicano, es autor
de uno de los ensayos historiográficos más importantes: La invención de América. En él plantea la tesis de que América, en
realidad, no fue descubierta sino inventada por el mundo occidental. El proceso
de invención comenzó como un shock: ¿cómo es posible que existan estas tierras
desconocidas, que no hayan sido creadas por Dios y que, por lo tanto, sus
habitantes no sean sus hijos? Una de las primeras explicaciones fue que las
nuevas tierras, aún no llamadas América, eran el Paraíso Terrenal, y por lo
tanto formaban parte del mundo ya conocido, es decir, no eran una cuarta parte
del mundo. Después, Américo Vespucio comprobó lo contrario: sí era la cuarta
parte. Otro shock. La salida a esta otra problemática fue decir que el nuevo
mundo en realidad formaba parte del viejo mundo y que, aunque separado por los
mares, estaba unido por debajo de éstos. Finalmente se concluyó que formaban el
mismo ser: Europa, Asia y África. El nombre de estas tierras, se intuye, debía
ser femenino: América.
Krontainel es hija de un proceso poético
como lo fue América. El título significa en tzotzil “odio”. Los autores, al
igual que Occidente, la construyeron. La historia, al estilo del asesor, no lo
dudo, intenta construir personajes distintos a los que la novelística
indigenista construye: no son poéticos ni ideales, son simple y llanamente seres
humanos. Tan lo son que su bondad, la bondad que frecuentemente representa cierta
corriente literaria, es solamente una dimensión de su ser: la otra, por decir
su opuesto, es el odio. Ésta es una historia del odio. Se construye
reflexionando la influencia de la magia en los conflictos indígenas. La
historia, de este modo, muta en gore:
sangrienta.
Como
América, Krontainel es un continente
inventado. Los seres que lo habitan, todos, tienen una razón de ser: aparecen y
juegan papeles decisivos en la historia. No dejan de ser tres los importantes,
como tampoco deja de ser el número tres el motivo del misterio. Todos están
vinculados entre sí: Andrés y Jacinto; Jacinto y Axelle; Axelle y Harry; Harry
y Jacinto; Jacinto y Trinidad; Trinidad y Andrés; Natalia, Lucía y Axelle;
Natalia, Lucía y Roberto Cabrera; Roberto Cabrera y Andrés.
Sólo,
y las narradoras lo dicen como ejercicio confesional, queda suelto un cuchillo:
si aparece y no se usa, nunca debió estar ahí. A pesar de ello, el mundo
narrado es redondo.
Krontainel el libro, la novela, la
historia es una apuesta: escribirla a diez rounds, 20 manos, no debió haber
sido tarea fácil. Como apuesta, aunque azarosa, el genio y la disciplina la
llevan a buen puerto.
Tuxtla de los Conejos, septiembre de
2012
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