Zapping
- La
lectura como práctica histórica
Vladimir González Roblero
Uno
Las plazas públicas se convirtieron,
hace muchos años, en espacios para prácticas de lectura. Los juglares y
trovadores lo atestiguan. Era en las plazas a donde acudían a cantar o contar
historias. También eran utilizadas por los enviados de las autoridades para dar
lectura pública a mandatos.
La
lectura en plazas públicas es un ejemplo para mirar el acto de leer como una
práctica histórica. Al reflexionarla así entendemos que, de cierto modo, todos
somos lectores. Nos hemos involucrado con distintas formas de leer. Al mismo
tiempo, estas formas están condicionadas por los contextos históricos en las
que se producen.
Pienso
en las prácticas de lectura antes de la invención de la imprenta o el uso de
técnicas para la impresión, en distintos soportes, del alfabeto. La pregunta es
quiénes sabían leer. La lectura en voz alta era la forma de transmitir lo
plasmado. Como en las plazas públicas. Leer lo impreso, como hasta nuestros
días sucede, indica, además, la universalización de la lectura. Una práctica
que se reduce a lo que comúnmente llamamos saber leer, es excluyente pues no
mira los contextos históricos y sociales en los que aparece. ¿Qué sucede, por
ejemplo, con los pueblos ágrafos? Imponerles el alfabeto es un modo de
universalizar una práctica en detrimento de las propias. Incluso la
universalización es una práctica histórica. Paradoja.
Dos
Es lugar común: vivimos la era de la
tecnología de la información y la comunicación. La imagen, lo visual, se impone
sobre lo escrito. El cine, la televisión, el Internet, imponen formas de leer.
No hablo en el sentido de leer la imagen. Me refiero a la información, las
historias, que los mass media
transmiten. Éstos se convierten en sucedáneos de otras prácticas antiquísimas.
La comunicación societaria deviene práctica de lectura: las noches del abuelo
reproduciendo en epopeya la historia de la familia, la de la comunidad de la
cual fue colono fundador; los profesores contando leyendas y la historia
patria; las tertulias en cafés literarios o la casa del vecino. En todas ellas
se cuentan historias a veces contenidas en libros a veces sólo en la memoria
del que habla. La tele, el cine, la radio y la Internet hacen lo mismo. Nos
cuentan las historias que pudimos haber leído en libros o periódicos. Soportes
que posibilitan una práctica de lectura como si de libro o periódico se
tratara. La cuestión es comprenderlas en estos contextos, históricos pues, como
una resignificación del acto de leer.
Tres
Si las prácticas de lecturas son
históricas, cambiantes y variopintas, los lectores también lo somos. Otra vez
el lugar común: al leer una novela o contemplar una obra de arte, el lector
puede hacer su propia lectura. Pero los lectores no somos universales. Somos
sujetos históricos. Los contextos construidos en tiempo y lugar determinados
condicionan nuestras lecturas. A pesar de nuestra creencia de que cada quien
lee o interpreta lo que quiere, dicha interpretación está condicionada por
estructuras históricas, sociales y culturales, en las que vivimos. La escuela,
la familia, la religión y los medios de comunicación construyen el gusto y
condicionan la interpretación. Schopenhauer decía que el ser humano está sujeto
a su volición. Nada de libertades.
Además,
el lector, independientemente de sus prácticas de lectura, es sujeto también de
los autores y de los editores. Una cosa, por ejemplo, es el texto y otra el
libro. Hay autores que piensan en sus lectores, cuyo acto poético está
condicionado por el ciclo mimético, es decir, por la lectura. Hay editores que
conciben al libro como un producto para el consumo cultural. Deciden el tipo de
letras, el formato del libro, los paratextos y demás. Lo hacen en función de un
lector hijo de su tiempo.
Cuatro
Leí el cuento “El dandy Pérez” en
una cantina. No me dieron el libro ni me senté a leer. No. El dueño de la
cantina “El ché garufas” era Ulises Mandujano Nájera, escritor, autor del
volumen de cuentos Don Cenizo y doce más.
Era un cantinero que de cuando en cuando se sentaba a la mesa con sus clientes,
departía con ellos, contaba sus cuentos. Era un auténtico cuentero. Una noche
nos contó la historia del Dandy Pérez. Todos reímos a carcajadas. Quién sabe si
era estrategia, pero esa noche muchos compramos ejemplares de su libro con tal
de volver a leer la historia. Experimentamos ahí una práctica de lectura.
Histórica, claro.
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tuiter: @vlatido
cinitoporno@gmail.com
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