Zapping
- Pensar el arte latinoamericano
Por @Vlátido
Uno
América Latina, Nuestramérica, es una
construcción histórica, atenta a las estructuras que le han dado pie, y también
a los personajes, grandes y menudos, que han hecho de este lugar un mundo
posible.
Al revisar nuestra historia,
hemos de darnos cuenta cómo ese lugar inventado ha sido espacio de disputa continua,
circunstancia que alimenta la identidad latinoamericana. Lo fue en las épocas
de la Conquista y la Colonia, cuando aparecen los primeros planteamientos de nuestras
identidades colectivas; lo fue en las Independencias, cuando se buscó
afanosamente un lugar teniendo como eje los sistemas políticos occidentales; lo
ha sido a lo largo del siglo XX y aun XXI, con la imposición del capitalismo, su
expresión neoliberal y las resistencias de las izquierdas afines al comunismo y
a movimientos liberalizadores como los autonómicos, antisistémicos y feministas.
Estas luchas marcan la
identidad latinoamericana, a nuestros pueblos y a quienes los integramos. Estos
devenires sirven para pensarnos como identidades ontológicas (esencialistas) o
históricas (procesuales). En los mismos vaivenes discursivos se halla el arte y
otras prácticas creativas.
Dos
En el mundo del arte (que no se circunscribe
solamente a los artistas, sino también a los públicos, los gestores culturales
y otros agentes) está presente, en Latinoamérica, la distinción entre el arte
como refinamiento, articulado a un sentido de vida ilustrado, a las formas
artísticas conocidas como bellas artes; y el arte como expresiones creativas
populares, de grupos minoritarios y subalternos, algunas veces cuestionadas
desde el esteticismo.
Algunos autores han apostado
por una idea de arte latinoamericano, en la que dialoguen lo propio y lo ajeno.
Es un proyecto de años, pero inacabado, en constante realización. Me gusta la idea,
sin embargo, prefiero pensarla como un espacio liminal entre miradas
históricas, sociológicas, estéticas, antropológicas, y epistemologías que se
hallan fuera del mundo del arte, de lo instituido, y que se desbordan hacia la
cotidianidad, hacia la vida misma, hacia formas de sentir y pensar.
Estas posturas siguen presentes,
conviven en una dialéctica que a veces las empalma, que a veces las excluye, en
donde la mirada del artista y del habitante del mundo del arte debe situarse en
los intersticios, en los espacios liminales.
Tres
Considero importante volver a pensar al arte,
sus formas, los procesos creativos desde la perspectiva de los universales
situados. La palabra arte designa a una institución surgida en la Europa
renacentista, aunque se pueda rastrear incluso en la Antigüedad. Sin embargo, existen
formas simbólicas semejantes a ese arte occidental, a las que echamos de menos
para pensar la completud del mundo. Con esto quiero decir que las formas
simbólicas, el arte, se halla en todas nuestras sociedades históricas, pero en
cada lugar asume características propias que no necesariamente deben encajar en
el relato de la estética occidental.
Ahora bien, me parece que ya
ningún relato artístico puede permanecer ni permanece en sus formas puras.
América Latina es resultado de un proceso histórico en el que, al principio, se
impusieron sistemas de pensamiento; al paso de los años, y gracias a la
conciencia histórica, éstos han convergido con otros relatos artísticos, los
originarios y los emergentes, dando como resultado un fenómeno estético propio
de este lugar de enunciación que dialoga, confunde y se yergue frente a las
prácticas y discursos artísticos globales.
Por lo anterior, el arte latinoamericano
ha recuperado nuestra experiencia histórica, mostrando el conflicto, la utopía,
esperanza y desfallecimiento de un lugar cuya realización es posible, además,
en el mundo de las representaciones.
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