- El ser o la ficción que se inventa a sí misma, comentarios a Dejar de ser, de Luis Bolaños
Uno
Me sitúo frente a un libro delirante. No porque sea absurdo, ni al caso. Sino porque Luis tiene la capacidad vertiginosa de concatenar hechos, sucesos, realidades para pensarlas desde construcciones teóricas posmodernas; porque teje desde la cotidianidad de las redes sociales, los memes, y la embriaguez del lenguaje. Y supongo que al escribir escucha mucho rock mientras bebe cerveza o pox o quizá pozol de su natal Chiapa de Corzo.
Este delirio en tanto vértigo recorre temas añejos y actuales de la comunicación. Son viejos porque, mientras lo leía, no dejaba de pensar en aquel libro clásico de Umberto Eco, Apocalípticos e integrados, que nos recetaban como biblia durante los años universitarios, hace ya 30 ayeres. Por cierto, Luis era mi profe. Son actuales porque esa discusión se revitaliza con nuevos fenómenos de la comunicación como la era posmasiva, las redes sociodigitales, los memes, la posverdad y muchos pos como ismos fueron en su momento.
Dos
Dejar de ser. La agonía del ser político en las redes sociodigitales se estructura en seis capítulos que abordan distintos aspectos de la comunicación política: desde el desdibujamiento ontológico hasta el papel de los community managers en la creación de subjetividades mediáticas. A través de referencias a Nietzsche, Foucault, Baudrillard, Debord y Deleuze, Luis sitúa su análisis en una tradición filosófica que cuestiona la verdad, la representación y el poder. La política, desde estas miradas, se convierte en una vitrina de simulacros, donde la imagen prevalece sobre la realidad.
Su análisis lo coloca frente al político y su ser, más no frente al ser y su racionalidad política. Esa diferencia es crucial: todos somos políticos, pero no todos queremos el poder público. La preocupación expresada en el libro recae sobre aquellos sujetos que ejercen dicho poder que, en el discurso agónico de nuestras democracias, emana del pueblo. Pero este poder lo ejercen como performance, como teatralidad pública. Recurren al drama como estrategia del poder y al poder del drama, como una telenovela del siglo pasado, cuya autoría recae en los soldados del PRI, otro ente agónico.Tres
Agrego una nota al pie sobre el político y el ser político: En ambos hay un artificio, una ficción. Pero no una ficción vacía. Somos ficciones que se narran a sí mismas, máscaras que hablan. Esta ficción, plantea Luis, vacía de autenticidad al político y, por extensión, a nuestro ser político.Si me dan la razón solo por un momento, y nos pensamos todos como ficciones narradas a sí mismas, la pregunta, entonces, no es si somos auténticos, como se la plantea Luis, sino qué discurso construye nuestra ficción, desde qué lugar se enuncia, cómo se sitúa en el espacio público. En otras palabras: ¿qué significa o qué comunica nuestro algoritmo de Facebook y TikTok?
Cuatro
Luis también se pregunta por el ser verdadero, es decir, por aquel que no es una ficción ni un artificio. Difícil cosa eso es. Como he dicho en mi nota al pie, todos somos una ficción. Si acaso existe el ser verdadero, lo es como una ficción, es aquel que se inventa a sí mismo, que finge ser él. No es la creación de su community mánager, es la creación de sí mismo. Esa salida parece sugerirnos Luis cuando piensa en la autonomía del ser.Ya para acabar. Al invitarme, Luis también me convoca a poner en escena mi ficción. En este juego de simulaciones, actúo como homo academicus, atrapado en el escenario de las representaciones expresadas en este comentario al pie.
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