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Zapping
- Enfant terrible
Por @Vlátido
Uno
Alguna vez, un viejo conocido me escribió un mensaje en Facebook: “He
revisado tu muro y tienes una auténtica biblioteca”, me dijo. Sucede que
acostumbro a compartir lecturas, libros en PDF o artículos que considero me han
de servir para preparar alguna clase, como fuente para desarrollar algún texto,
o que simplemente tengo ganas de leer. Confieso, además, que he dicho: “Algún
día voy a descargar todo eso”, pues solamente bajo los que considero oportunos
en ese momento.
Ese muro que parece
biblioteca, según el viejo conocido, es resultado de mi algoritmo. Con el paso
del tiempo lo he alimentado al unirme a páginas académicas y literarias. En
ellas comparten PDF y, suele pasar, deambula una fauna que posturea más que yo.
Recientemente, llamó mi atención que alguien compartió la novela Dinero,
de Martin Amis. De inmediato saltó sobre mí esta línea de su reseña: “El
inefable antihéroe John Self es hombre de numerosas adicciones: bebida, tabaco,
fast food, pornografía, todo lo cual consume en cantidades industriales.
Pero su principal droga es el dinero, única forma de cultura que conoce”.
Claro que podría escribir sobre el tema. Al buscar más
información sobre la novela y el autor, sin embargo, otra cosa me sedujo:
Martin Amis fue considerado por mucho tiempo el enfant terrible de la
literatura inglesa. En el suplemento Confabulario, Pedro B. Rey explica
que le gustaba que lo consideraran enfant terrible y señala que “para
los ingleses de su generación (…) fue, allá por los años 80, (…) algo así como
la versión literaria de Mick Jagger”.
Dos
Talita hizo un viaje relámpago de trabajo a Comitán. Como es ya
costumbre, cada vez que visitamos esa ciudad, regresamos con el típico pan
compuesto. Se trata de una pequeña torta muy sabrosa que, según yo, se
acostumbra a comer a toda hora en aquellas tierras. La hemos comprado en
restaurantes, tiendas, fondas, en el parque y en el mercado. Pues bien, esa
noche, en casa, cenamos pan compuesto con café amargo.
Además de las tortas,
Talita sacó de su bolso un libro: la novela Indigno de ser humano, del
japonés Osamu Danzai. “Me acordé de ti”, dijo mientas me alargaba el
encuadernado. No sé si me recordó por el título o la temática de la obra, o por
lo que a continuación me explicó. Se trata, dijo, de un novelista de la
calidad, o quizá mejor, de Haruki Murakami.
Se lee en la solapa:
“Auténtico enfant terrible de las letras japonesas, fue candidato al
Premio Akutagawa en 1935 y 1936. Desheredado por su padre a causa de una
relación con una geisha de bajo rango y acuciado por su adicción a la
morfina y al alcohol, Dazai intentó suicidarse en cuatro ocasiones”.
Tres
No sé si hayan sido tan exitosos, disruptivos o provocadores, además de
jóvenes, para que sean tildados como enfant terrible. Quizá sea
solamente un adjetivo de la mercadotecnia que convierte a la obra en mercancía.
Un lugar común, pues.
Lo cierto es que ambas novelas narran historias
seductoras, a mi juicio. El personaje de Indigno de ser humano huye de
manera perpetua de la sociedad. Es un outsider melancólico, suicida,
trasunto de la vida de Osamu. Por su parte, en Dinero, el personaje vive
en decadencia, como un tobogán vertiginoso. También huye suicidamente de los
demás, pero, paradójicamente, a través del exceso.
Esta condición de extranjería, situarse fuera de todo,
arquetipo de insecto nocturno es, creo, lo que finalmente me seduce.
Léeme en www.zzapping.blogspot.com
Tuiteo como @vlatido

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