Zapping
· Rock, memoria y juventud
Vladimir González Roblero
Uno
Hace unos días, el sábado 3
de diciembre, los compas de Ojo insomne,
gestores culturales, realizaron el conversatorio “30 años de metal en Chiapas”.
Invitaron a metaleros locales de la escena de los 80 y 90. Entre ellos a Daniel
Trejo, Marco Velázquez, Carlos Pablo Gallegos, Daniel Cruz, Erika Esponda y a
mí como moderador. Recordamos aquellas tocadas emblemáticas en los años de
1980, como la de Luzbel en San Cristóbal; los inicios de grupos locales como
Damage en esa misma década, así como los circuitos de distribución y los
claroscuros de entonces a la fecha.
Tiempos actuales, en los que todo es post, la derecha asciende y los milenials
indican la ruta ante el desmoronamiento de las utopías, la nostalgia floreció
como recurso de los gestores culturales y el lugar, un bar en el oriente de la
ciudad, se llenó.
Dos
Los estudiosos de las tribus
urbanas y las culturas juveniles, a la saga de sus gurús franceses, dicen que
la juventud es una construcción social. El tiempo biológico, ese que se muestra
a través de las canas y la flacidez, no es medida para llamarse joven. El
guitarrista de Café Tacuba, Joselo, en su columna Crocknicas Marcianas, lo dijo de otro modo: “Si
alguien tiene la culpa son los chavitos que se visten como yo, como ancianos”.
A estos ancianos que se visten como jóvenes, según los
parámetros actuales, les llaman chavorrucos y chavarrucas (Fox cuasi dixit). Lo cierto es que, a pesar de que las modas son sinónimo de
lo efímero, los gustos son estructuras de larga duración. Éstas tienden a desparecer
con las generaciones y se adpatan, aquí la estructura, a través de un proceso
de transmisión cultural.
Tres
Ese día cayó un aguacero en
Tuxtla de los conejos. Debió haber sido una tarde de agosto de 1994. La
insurrección neozapatista había cimbrado al mundo entero. En Chiapas Eduardo
Robledo Rincón se postulaba a la gubernatura, que ganó en medio de acusaciones
de fraude. Hubo de renunciarla. Como acto de campaña se organizó una tocada.
Vino El Tri y el concierto lo abrió Brutal Lulú.
El estadio zoque estuvo a reventar. La banda trisolera
que abarrató el lugar estaba atenta ya que, provincianos pues, en estos lugares
entonces no había espectáculos masivos… hasta el EZLN. Alex Lora, vocalista y
dueño de El Tri anunció, ya en
tarima, la rola Agua mi niño, de uno
de sus discos emblemáticos. Apenas comenzaron los acordes se soltó un aguacero
épico, como el concierto mismo.
Cuatro
En la memoria quedó
registrado ese concierto. Habrá que sumarle el que recientemente ofreció Panteón
Rococó en la feria. Llegamos pasandito
de las 10 de la noche a la explanada pero una pantalla anunciaba que se
llevaría a cabo en el Foro Chiapas, antes Lienzo Charro. A la entrada, un
policía nos sacó de la fila y nos llevó a donde después supusimos era la zona VIP.
“Por seguridad de los niños, éstos deben permanecer aquí, acompañados de un par
de adultos”, dijo al momento que señalaba el lugar, a un costado del escenario.
El sonido era de lo peor. Aquello estaba lleno de chavorruques
con sus hijes (¡gulp!). En el ruedo y en tribunas los rockers bailaban slam;
los que estábamos de este lado tiramos polilla, literalmente.
No miento si digo que se inscribirá en la memoria de
chicos y grandes. Festín para historiadores.
Tuiteo como @vlatido
No hay comentarios:
Publicar un comentario