Leer en el no-lugar


Hospital: no-lugar.
 @vlatido


 Zapping

  • Leer en el no-lugar

Por @Vlátido

 

Uno

He tomado por costumbre leer en el hospital. Al hacerlo, he recordado planteamientos respecto al no-lugar. Le debemos a Marc Augé hablar de ellos. Dice este autor que se trata de lugares de tránsito, aquellos donde nuestra permanencia es efímera: estaciones, aeropuertos, supermercados, hospitales.

Leo en el hospital para soportar las horas, luchar contra lo efímero, para recordar mi estancia en esas salas que se pretenden asépticas, impersonales. Pero no siempre lo son: la señora que vende papitas es amiga de todos; los acompañantes de pacientes crónicos se saludan con afecto; las enfermeras, a pesar del tedio, reinan en cada uno de los pasillos. 

 

Dos 

No sé por qué escogí leer La amortajada. Es una novelita que se termina de una sola sentada. Su autora es María Luisa Bombal, chilena ella, considerada una de las precursoras del realismo mágico. Sí, la historia que ahí narra es casi fantástica, pero su asidero es tan histórico que nos recuerda la complejidad de las realidades latinoamericanas.

La novela se publicó en 1938. Me pregunto por qué nunca la había leído. Me justifico: cada uno lee a su ritmo, a su momento, y sólo el destino sabe cuándo le toca. Leí una página, otra y otra. Me imaginaba la escena: el cuerpo inerte de la protagonista, velado, esperando arribar al panteón. Así me miro a veces. Espero a que muchas cosas acaben mientras las veo pasar, como mi estancia aparentemente interminable en el hospital.

 

Tres

Llevo una tableta para leer. He estado tentado a comprarme un e-reader. Resulta que prefiero a ratos abandonar la novela, esta o cualquiera, para navegar en línea, otear en mis redes sociales, conversar con Claude, mi asistente virtual. Para esto la tableta es mejor, al menos para mí.

Los historiadores de la cultura —Roger Chartier o Peter Burke— tienen una explicación sobre las prácticas de lectura. Depende de los soportes del texto. Alguna vez fue solo papel, ahora es la pantalla del dispositivo móvil. El libro era un objeto físico, hoy es una ilusión de miles de puntos luminosos. Nuestras prácticas se acomodan a las circunstancias: los espacios efímeros, el trajín del día, después del trabajo, incluso en el baño.

 

Cuatro

También leí en el hospital El huésped, de Guadalupe Nettel. Varias veces había escuchado hablar de ella y de su autora, a quien la crítica reconoce como una escritora mexicana emergente. Su historia es de terror; en ella narra a seres extraños que nos habitan y que, como titiritero, conducen nuestras acciones. 

La novela explora la fragilidad física y emocional de sus protagonistas. No sé si el hospital sea el mejor lugar para leerla. Trato de no aburrirme con ella. Me cuestiono: ¿Debería estar divertido? ¿Esa es la condición de quien espera en la sala?

Esas preguntas me incomodan. Mientras avanzo la lectura, miro alrededor, me siento observado por las cámaras de vigilancia, creo saber por qué: tal vez el huésped sea yo, un ser extraño en el hospital. 

 

Cinco

Tal parece que ahora, para mí, los espacios de lectura son los no-lugares. Leer en el teléfono o en la tableta; llevar un libro a donde y cuando se pueda para no dejar morir el tiempo. Paradójicamente, esta práctica (la tableta, la compañía de los otros, el cotilleo discreto, la negociación por las papitas) ha convertido al no-lugar en lugar, un espacio con una historia más.

 

 

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