Teatralidades, una crónica fragmentada
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- Teatralidades, una crónica fragmentada
Por @Vlátido
Uno
¿Son
acarreados? Es la hora del amigo, pero en vez de saludar a la banda con un vaso
de caguama, lo hice con pozol, cacahuates y pepino con salsa. Seguramente,
pensé, vienen al informe de gobierno de la precisa. No lo sé, pero el pozol
repuso sus energías, y la mía. El Mercado 5 de Mayo
estaba lleno, con más comensales que de costumbre. “No me tocó frutsi”, puse
como pie de foto, a propósito de la suspensión de clases por el arribo a Tuxtla
de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Dos
Cácenlas,
les digo. En clases leen sus bitácoras o diarios. Observen a las
personas y a los personajes: escenarios dispuestos, líneas ensayadas como el
“pásele, marchanta”, “qué le doy, güerita”, “¡hay pozol arrecho!” La
cotidianidad, para ellos, ya no pasa desapercibida. Me parece un ejercicio
pertinente después de leer a un filósofo del teatro, Dubatti. El mundo frente a
sus ojos se transforma. Sobre las teatralidades, este autor señala: “es una
condición de lo humano que consiste en la capacidad del hombre de organizar la
mirada del otro (…), dejarse organizar la propia mirada”, es decir, actuar para
el otro. Miran con unos lentes -epistemológicos, les digo- que les presentan
realidades diversas, construidas a partir de lo teatral.
Tres
Chale,
el personaje soy yo. Leo la noticia de la presidenta mientras endulzo el café. Más
temprano fui a desayunar al Mercado de los Ancianos. “También tenemos tamales”, dice.
Olores a res en canal, pollo, chuquija y sangre. Llego a una quesadillería.
Pongo salsa al tamal de bola y me acomodo los lentes. Por la hora, 7 de la
mañana, muy pocos puestos de comida están abiertos. Veo el streaming de la
Mañanera, escucho con gravedad lo que ahí dicen. Me ataja un mesero: "Tenemos
desayunos, quesadillas, tacos y gorditas". “Un café”, le digo, mientras coloco el
periódico en la mesita. El mesero me observa atento; finalmente, se acerca para
ofrecerme algo más. Avanzo por los pasillos. Sobre el desayuno, percibe mi
desencanto. Sonrío. Llevo en la mano un periódico que religiosamente me vende
el voceador.
Cuatro
Esta
crónica huele a chuquija. Decían mis profes de periodismo que la noticia al
siguiente día apesta.
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